miércoles, 6 de octubre de 2010

(BIBLIOGRAFIA) La Historia Romana en los Dias del Nuevo Testamento


Fuentes documentales

Cicerón, Marco Tulio.  Las leyes, la vejez, la amistad.  Traducción, José Velasco y García.  Buenos Aires: Editorial Tor, S. R. L., 1954.  Aunque las obras de Cicerón son mayormente filosóficas, contienen importantes informaciones legales y políticas.

Dión Casio. Historia romana.  Ver nota bibliográfica, t. V, p. 82.

Josefo, Flavio.  Obras completas de Flavio Josefo. Traducción, Luis Farré.  Buenos Aires: Acervo
Cultural Editores, 1961.  Ver nota bibliográfica, t. V, p. 82.

Livio, Tito.  Historia de Roma.  Tito Livio escribió a los comienzos de la era cristiana una historia completa de Roma hasta los días del autor.  La escribió desde el punto de vista senatorial. 98
Comenzó con la llegada de Eneas a Italia.  Su obra es artística, patriótica y moralizadora.  Le faltaba criterio crítico y no siempre fue exacto.  Faltan importantes pasa es de su gran obra.

Plutarco.  Vidas paralelas (7 t.). Traducción del griego por Antonio Ranz Romanillos.  T. 17, 19 y 22-26 de la colección "Las Cien Obras Maestras de la Literatura Universal", dirigida por D.

Pedro Henríquez Ureña. 2.ª ed.  Buenos Aires: Editorial Iberia, 1947-1951 (300 pp. cada tomo).  Plutarco nació en Grecia (47-120 ó 125 d. C.). Vivió en Roma (77-92).  Estudia 23 parejas de griegos y romanos comparándolos entre sí, y cuatro independientes.

Vidas de varones ilustres (5 t.).  Buenos Aires: Rodríguez Hnos.  Editores.  Con notas y un estudio preliminar sobre el autor.  Contiene un valioso estudio crítico sobre el autor y su obra, escrito por D. Pedro Henríquez Ureña (1884-1946).

Salustio, Cayo Crispo.  Guerra de Yugurta.  La conjuración de Catilina.  Con los fragmentos de la Gran historia de Roma y dos cartas a César sobre el arreglo de la república.  Traducción, José Torrens Béjar.  Barcelona: Editorial Iberia, S. A., 1959.  Esta fuente documental cubre el período de 120 a 65 a. C., aunque es fragmentaria en su parte final.  Es muy estimada.  Salustio fue partidario de Julio César.

Séneca, Lucio Anneo.  Tratados morales.  Traducción, Pedro Fernández Navarrete.  Buenos Aires: Espasa Calpe Argentina, S. A., 1946.  Este mentor de Nerón escribió estos tratados con un criterio filosófico y moralizador.

Suetonio, Cayo Tranquilo.  Los doce Césares.  Buenos Aires: Librería el Ateneo Editorial, 195 l. Obra escrita alrededor de 120 d. C.

Tácito, Cayo Cornelio.  Los anales (2 t.). Traducción, Carlos Coloma.  Buenos Aires: Espasa Calpe Argentina, S. A., 1948.  Ver nota bibliográfica, t. V, p. 82.

The Loeb Classical Library.  Cambridge, Mass.: Harvard University Press. 
Se trata de magníficas ediciones eruditas de diversos autores clásicos, en sus idiomas originales, acompañadas de su versión inglesa efectuada por varios traductores.

Veleyo, Patérculo Cayo.  Compendio de historia romana.  Corto bosquejo de las guerras civiles romanas hasta el año 30 d. C. No es imparcial, pues favorece a Tiberio.  Se encuentra en la biblioteca clásica de Loeb.

Obras de especialistas
Aymard, André; Auboyer, Jeannine.  Roma y su imperio.  T. 2 de la colección "Historia General de las Civilizaciones", dirigida por Maurice Crouzet (7 t.). 3.ª ed.  Barcelona: Ediciones Destino, 1967 (663 pp.). Aymard es profesor de la Sorbona, y Auboyer, conservador del Museo Guimet (París).  Este tomo tiene una sección dedicada al cristianismo.

Canfield, Leon Hardy. Early Persecutions of the Christians.  New York: Columbia University Press, 1913.  Una historia cuidadosa y crítica de las persecuciones dirigidas contra los cristianos por la Roma pagana hasta el tiempo de Adriano, inclusive.

Durant, Will  James.  César y Cristo.  T. 5 de la colección "Historia de la Civilización".  Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1967.  El autor, filósofo norteamericano, nació en 1885.  Otras obras: La filosofía y el problema social; Filosofía, cultura y vida; Historia de la filosofía, etc.
Ferrero, Guglielmo.  Grandeza y decadencia de Roma (3 t.). Buenos Aires: El Ateneo, 1959.  Fue escrita de 1904 a 1905, y se publicó en italiano en 6 t. Fue traducida al castellano de 1908 a 1909.  El autor, historiador y sociólogo italiano, la escribió después de 40 años de reflexionar sobre el fenómeno romano.

Historia de Roma. 3.ª ed.  Barcelona: Editorial Surco, 1966 (421 pp.). Describe a la Italia del siglo VIII a. C., y concluye con la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d. C.
Friedlaender, Ludwig.  Roman Life and Manners Under the Early Empire (4 t.). Traducción del alemán.  Londres: G. Routledge and Sons, Ltd., 1908-1913.  Una obra muy informativa, que se destaca por estar libre de prejuicios. 99

Gibbon, Edward.  The History of the Decline and Fall of the Roman Empire (7 t.).
Editado por J. B. Bury. Londres: Methuen and Co., Ltd.  Continúa siendo una autoridad después de casi dos siglos.  Abreviada y detallada, se advierte su prejuicio anticristiano.  La mejor edición es la de Bury.

Grenier, Albert.  El genio romano.  Traducción, Ceferino Palencia.  T. 18 de la colección "La Evolución de la Humanidad".  Biblioteca de síntesis histórica, dirigida por Henri Berr.  México: Editorial UTEHA, 1961 (384 pp.). Grenier fue profesor en el Colegio de Francia.

Grimal, Pierre.  El siglo de Augusto. 2.ª ed.  Traducción, Ricardo Anaya.  Buenos Aires: EUDEBA, 1965 (127 pp.). El autor, erudito profesor de la Sorbona, presenta en forma clara un cuadro coherente sobre Augusto y su tiempo.  La primera ed.  EUDEBA apareció en 1960.  Hay reediciones.

Mommsen, Teodoro.  Historia de Roma. 2.ª ed. Traducción, A. García Moreno.  Buenos Aires: Joaquín Gil Editor, 1960 (884 pp.). Historia cabal, cuidadosa y sin prejuicios.  Incluye un análisis magistral de las fuentes documentales de información. 

Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

La Historia Romana en los Dias del Nuevo Testamento

IX. El cristianismo y el imperio

El cristianismo y el Estado.-

Los romanos, según lo expuesto, eran tolerantes con las otras religiones.  A medida que dilataban sus conquistas territoriales y sus adquisiciones, aceptaban los dioses de sus nuevos súbditos con lo que se aumentaba mucho el panteón que ya poseían.  Una religión era declarada ilegal sólo cuando era dañina para la moral pública, como en los casos de los cultos de Baco y de Isis, o cuando era evidente que la religión favorecía una rebelión, como fue el caso del druidismo en las Galias.

Los romanos procuraron ser liberales aun con los judíos, decididos y tenaces en su religión.  Pero no podían entender por qué éstos se oponían y se rebelaban cuando eran introducidos los dioses romanos en Palestina. 

No podían comprender cómo los judíos podían adorar a un Dios a quien no podían ver.  Eso les parecía una forma de ateísmo.  Se mofaban de la observancia del sábado semanal; para ellos era sólo una oportunidad que se daban los judíos para estar ociosos.  Se resentían porque los judíos se negaban a rendir culto a Roma al -espíritu divino del pueblo romano- o al "genio" de los emperadores.  Sabían que había una relación entre ciertos dogmas de la fe judía, especialmente su mesianismo, y su rebeldía cívica bajo el gobierno romano.

Consideraciones de esta naturaleza, sumadas al espíritu rebelde de los judíos y sus actos provocativos, produjeron finalmente las guerras que casi destruyeron a la raza judía.


Pero en su relación durante los años anteriores, los conquistadores procuraron ser comprensivos.  Cuando los dirigentes judíos consintieron en orar por el emperador y por su pueblo, los romanos aceptaron esa concesión.  Vigilaban a los judíos, y suprimieron con mano férrea sus rebeliones esporádicas; pero toleraban su religión.


Si los judíos hubiesen aceptado el cristianismo como una secta judía más, semejante a la de los esenios o de los fariseos, la condición del cristianismo hubiera sido diferente, con seguridad, en más de una forma.  Los cristianos de origen judío iniciaron el concepto de que el cristianismo era un movimiento de reforma religiosa dentro del judaísmo, una levadura de salvación que finalmente impregnaría a toda la raza judía y la redimiría.

Pero la mayoría de los judíos no compartían ese punto de vista.  Miles de ellos aceptaron la fe cristiana, pero la raza judía la rechazó oficialmente por razones que se presentan con claridad en los Evangelios y en los Hechos.

El cristianismo no podía presentarse ante el mundo como una secta judía; por lo tanto, no tenía raíces nacionales.  Para los romanos era una secta advenediza y no fue reconocida legalmente sino hasta principios del siglo IV.  Por esto, cuando Nerón necesitó de algo para explicar la causa del incendio de Roma, creyó que el cristianismo era el chivo expiatorio apropiado.  


Un siglo más tarde resultó fácil culpar a esta secta ilegal de los desastres causados por un terremoto y una peste que sufrió el pueblo romano durante los reinados de Antonino Pío y Marco Aurelio, y esos emperadores -que en lo demás fueron nobles y benévolos- persiguieron cruelmente a los cristianos.

La ciudadanía romana y el cristianismo.-


No se sabe con claridad cómo la ciudadanía romana se extendió más allá de los límites de las clases privilegiadas en la ciudad capital.  En los días de Augusto César fue concedida gradualmente a las provincias o a las ciudades, pero era difícil que la consiguiera un individuo.


Tarso, la ciudad donde nació Pablo, quizá ilustre la forma en que se adquiría la ciudadanía romana.  Durante siglos antes del nacimiento de Pablo, Tarso había sido un centro político y comercial importante.  Allí se mezclaba la población como suele ocurrir en cualquier ciudad comercial.  Además de los habitantes autóctonos, había griegos que se habían establecido antes de Alejandro Magno y durante su tiempo.

  Después de muchas vicisitudes y de alguna decadencia, la ciudad fue reorganizada por Antíoco Epífanes, y a Cilicia y a su ciudad capital llegaron más griegos, además de otras personas procedentes de territorios de habla griega menos favorecidos.


En Tarso sin duda hubo judíos durante muchas generaciones, pero muchos más llegaron en tiempo de Antíoco Epífanes. Quizá muchos de ellos eran conservadores, a quienes Antíoco de muy buena gana hizo salir de Palestina, la cual procuraba helenizar.  Como resultado se fundó una gran colonia judía en Tarso, comparable, aunque no tan grande, con la de Alejandría en el extremo sur del Mediterráneo oriental.  En Tarso, así como en Alejandría, había entonces dos principales elementos en la población: gentiles y judíos, y los dos no convivían bien.

Tarso evolucionó con el correr de los años, y se convirtió en una metrópoli de gobierno propio, y quizá los griegos y los judíos eran ciudadanos con plenos derechos en la comunidad.  Los judíos de Tarso, como los de Alejandría, quizá ejercían su ciudadanía en forma de "tribu", un recurso gubernamental empleado con frecuencia tanto en las ciudades griegas como en las romanas.  Se ha sugerido que los "parientes" que Pablo menciona en Rom. 16: 7, 11, 21 eran miembros de la misma "tribu" en un sentido político, y que procedían de Tarso.


Pero esa ciudadanía de Tarso no significaba ciudadanía romana.  Durante las guerras julianas de 55-31 a. C., los de Tarso favorecieron al partido cesariano, y por eso apoyaron tanto a Julio César como a Octavio.  Si la ciudadanía romana no había sido concedida a la gente selecta de Tarso durante la era de Pompeyo o antes, quizá se concedió como una recompensa por su lealtad a Julio César durante esos años de intensa lucha partidista.  Este pudo haber sido el tiempo cuando la familia de Pablo recibió la ciudadanía romana. 

Se habría tratado de una ciudadanía plena, válida en cualquier parte de la amplísima jurisdicción de Roma.  No se sabe qué comprobante de esa condición de ciudadano podría haberse llevado estando de viaje, pues todavía no se han descubierto credenciales de esa naturaleza.


Es imposible saber cuándo se trasladó a Tarso la familia de Pablo.  No hay base para aceptar la tradición que repite Jerónimo: que la familia llegó allí procedente de Gischala, Palestina, a principios de las guerras romanas en dicho lugar.  El hecho de que Pablo fuera fariseo indica una de dos cosas: o que la familia llegó a Tarso alrededor del año 150 a. C., cuando ya se había constituido la secta farisaica, o que después de establecerse en Tarso aceptaron allí los dogmas de los fariseos a medida que éstos se propagaron entre los judíos dispersos de la diáspora.


Sea como fuere, Pablo, ciudadano de Tarso y quizá perteneciente a una de las "tribus" políticas, también era ciudadano romano.  Había recibido esa ciudadanía de su padre, no la había comprado (Hech. 22: 28).  Esto afirmó más de una vez, y usó bien de sus privilegios (cap. 16: 37; 22: 25-28; 25: 8-12, 21-25; 26: 30-32; 28: 17-20).


La ciudadanía romana daba a su poseedor cierta medida de protección frente a posibles abusos de los magistrados o de la policía, y le daba derecho a apelar en caso de una sentencia.  Un ciudadano acusado de una falta grave no podía ser legalmente 97azotado, y menos aún, sin un justo juicio. Tenía derecho de apelar al emperador como funcionario principal del Estado romano.  Que esto no siempre libraba a un hombre del descuido, la indiferencia o la tiranía de las autoridades locales, se ve porque Pablo fue azotado en Filipos sin antes haber sido juzgado (Hech. 16: 19-24) y por lo menos dos veces más en otras ocasiones (2 Cor. 11: 25). 

Que la ciudadanía romana le daba a un hombre más esperanza de justicia, se ve por el cuidado con que los magistrados de Filipos trataron de expiar su previa falta en su proceder con Pablo (Hech. 16: 35-39), y por el hecho de que la apelación de Pablo a César lo libró de las manos de los fanáticos y vengativos judíos de Jerusalén (cap. 25: 8-12).


Hay pruebas suficientes para inferir que el tiempo máximo para apelar contra una acusación formal, antes de que se diera por terminado el caso, era de dos años.  Puesto que desde que Pablo llegó a Roma como preso, los judíos de esa ciudad no tenían acusaciones contra él (Hech. 28: 17-22), y como evidentemente no llegó ninguna acusación procedente de Palestina, sin duda su caso se dio por terminado por falta de pruebas, y fue liberado.


El cristianismo y la caída de Roma.-


En vista del debilitante decaimiento que existía en la constitución y en la vida romana pública y privada, parece extraño que un historiador tan capaz como Edward Gibbon hubiera basado su gran historia sobre una premisa completamente falsa.  Este autor de la famosa y aún fidedigna History of the Decline and Fall of the Roman Empire estaba sentado en medio de las ruinas de la antigua Roma en un atardecer de 1764.  Frente a los despojos de esa ciudad, Gibbon comenzó a cavilar acerca de las causas del colapso de lo que una vez había sido un glorioso imperio, así como muchos historiadores lo han hecho antes y después de él.  Bien versado como estaba en la historia de la iglesia de Roma durante la Edad Media y en la pretensión de esa iglesia de ser la sucesora y heredera de la Roma imperial, Gibbon pensó que había identificado la causa básica de la caída de Roma: se trataba del cristianismo, dijo él.

No es de extrañarse que los cristianos evangélicos hayan rechazado la teoría de Gibbon.  La verdad es que Roma ya estaba en una condición peligrosa, pues le faltaba sólo un fuerte enemigo externo que le propinara el golpe fatal, cuando Julio César la salvó.  Vez tras vez Roma fue salvada apenas a tiempo por un Augusto César, un Vespasiano, un Trajano, un Marco Aurelio y un Constantino.  El cristianismo, la sal salvadora de Roma, permitió que se prolongara la vida del imperio. Una gran parte de la esencia de la Roma pagana -su religión, ley y gobierno- se perpetuó entonces en la iglesia de Roma, cuyos historiadores consideran que es, en algunos aspectos significativos, la sucesora legítima del difunto Imperio Romano.

Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

EL CASO DEL REY SAUL, Una Reflexion, Una Triste historia de fracaso


1 Sam. 28: 3-25. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.  (Ecl. 9: 5).

Cuando Saúl inquirió por Samuel, el Señor NO lo hizo aparecer ante Saúl.  El no vio nada.  A Satanás no se le permitió molestar el descanso de Samuel en la tumba y traerlo en realidad a la pitonisa de Endor. 

Dios no le da a Satanás el poder de resucitar a los muertos.  Pero los ángeles de Satanás toman la forma de amigos muertos, y hablan y actúan como ellos para poder llevar a cabo mejor su obra de engaño. 

Satanás conocía bien a Samuel, y sabia cómo representarlo frente a la pitonisa de Endor, y pronunciar correctamente el destino de Saúl y de sus hijos.

Satanás aparecerá en forma razonable a cuantos pueda engañar, y se congraciará con ellos, conduciéndolos casi imperceptiblemente lejos de Dios.  Los pone bajo su influencia, primero con cautela, hasta que sus percepciones se entorpecen. 

Luego hará insinuaciones más osadas, hasta que pueda llevarlos a cometer casi cualquier clase de crímenes.  Cuando los tiene completamente en su trampa, entonces quiere que comprendan dónde se encuentran, y se alegra ante su confusión, como en el caso de Saúl. 

Este había permitido que Satanás hiciera de él un cautivo complaciente, y ahora Satanás ponía delante de Saúl una descripción correcta de su destino.  Al darle una declaración acertada de su fin mediante la mujer de Endor, Satanás abría un camino para que los israelitas fuesen instruidos por su astucia satánica, a fin de que, en su rebelión contra Dios, aprendiesen de él y así rompiesen el último eslabón que los unía a Dios.

Saúl sabía que con ese último acto de consultar a la pitonisa de Endor, cortaba el último lazo que lo sostenía a Dios. 

Sabía que si antes no se había separado voluntariamente de Dios, ese acto sellaba esa separación y la hacía definitiva.  Había hecho un acuerdo con la muerte, un pacto con el infierno. La copa de su iniquidad estaba llena.

¿Está llena tu copa rebosante del Espíritu de Dios? 1era Cor. 10: 19-21:    21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.

DIOS NO CONTESTO*

1 Sam. 28: 3-25.Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. (1 Sam. 28: 6).Nunca se apartó el Señor de un alma que acudiera a él con sinceridad y humildad. ¿Por qué dejó a Saúl sin contestación? 

Por sus propios actos, el rey había desechado los beneficios de todos los métodos de interrogar a Dios.  Había rechazado el consejo de Samuel el profeta; había desterrado a David, el escogido de Dios; había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. . . Habiendo ahuyentado por sus pasados al Espíritu de gracia, ¿podía acaso recibir contestación del Señor mediante sueños y revelaciones? 

Saúl no se volvió a Dios con humildad y arrepentimiento.  Lo que él buscaba no era el perdón de su pecado ni la reconciliación con Dios, sino que se le librara de sus enemigos

Por su propia obstinación y rebelión, se había separado de Dios.  No podía retornar a él sino por medio del arrepentimiento y de la contrición; pero el monarca orgulloso, en su angustia y desesperación, decidió solicitar ayuda de otra fuente. . .

Se le dijo al rey que una mujer que tenía espíritu de adivinación vivía oculta en Endor. . . Disfrazándose, Saúl salió protegido por las sombras de la noche con sólo dos acompañantes, para buscar el retiro de la pitonisa. . .

¡Cuán terrible es la servidumbre del que se entrega al dominio del peor de los tiranos, a saber, él mismo!  La confianza en Dios, y la obediencia a su voluntad, eran las únicas condiciones bajo las cuales Saúl podía ser rey de Israel. 

Si hubiera cumplido con estas condiciones durante todo su reinado, su reino habría estado seguro; Dios habría sido su guía, el Omnipotente su escudo.  Dios había soportado mucho tiempo a Saúl; y aunque su rebelión y su obstinación casi habían acallado la voz divina en su alma, aún tenía oportunidad de arrepentirse. 

Pero cuando en su peligro se apartó de Dios para obtener luz de una aliada de Satanás, cortó el último vínculo que le ataba a su Creador. . .

Al consultar aquel espíritu de las tinieblas, Saúl se había destruido.  Oprimido por los horrores de la desesperación, le iba a resultar imposible inspirar ánimo a su ejército. 

Separado de la Fuente de fortaleza, no podía dirigir la mente de Israel para que buscara y mirara a Dios como su ayudador.  De esta manera la predicción del mal iba a labrar su propio cumplimiento.

LOS SECRETOS DE DIOS*
1 Sam. 28: 3-25 No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.  (Hech. 1: 7).

La pitonisa de Endor había pactado con Satanás entregarse por completo a su dirección; él realizaría maravillas y milagros para ella y le revelaría las cosas más secretas, si se sometía sin reservas al dominio de su majestad satánica.  Ella lo había hecho.

Al predecir la perdición de Saúl por medio de la pitonisa de Endor, Satanás quería entrampar al pueblo de Israel. Esperaba que dicho pueblo llegaría a tener confianza en la pitonisa, y se vería inducido a consultarla.  Así se apartaría de Dios como su consejero, y se colocaría bajo la dirección de Satanás. La seducción por medio de la cual el espiritismo atrae a las multitudes es su supuesto poder de descorrer el velo del futuro y revelar a los hombres lo que Dios ocultó. 

Dios nos reveló en su Palabra los grandes acontecimientos del porvenir, todo lo que es esencial que sepamos, y nos ha dado una guía segura para nuestros pie en medio de los peligros; pero Satanás quiere destruir la confianza y la fe los hombres en Dios, dejarlos descontentos de su condición en la vida, e inducirles a procurar el conocimiento de lo que Dios sabiamente les vedó y a menospreciar lo que les reveló en su santa Palabra.

Muchos se agitan cuando no pueden saber qué resultará en definitiva de los asuntos.  No pueden soportar la incertidumbre, y su impaciencia rehúsan esperar para ver la salvación de Dios.  Los males que presienten casi los enloquecen. Ceden a sus sentimientos de rebelión, y corren de aquí para allá en dolor apasionado, procurando entender lo que no se ha revelado. 

Reiteramos que Si tan sólo confiaran en Dios y velaran en oración, hallarían consuelo divino. Su espíritu sería calmado por la comunión con Dios.  Los cansados y trabajados hallarían descanso para sus almas, con sólo ir a Jesús; pero cuando descuidan los medios que Dios dispuso para su consuelo, y recurren a otras fuentes, con la esperanza de averiguar lo que Dios vedó, cometen el error de Saúl, y con ello sólo adquieren un conocimiento del mal.

UN SUICIDA
1 Sam. 31: 1-6.La justicia del perfecto enderezará su camino; mas el impío por su impiedad caerá.  (Prov. 11: 5).

En las llanuras de Sunem y en las laderas del monte Gilboa, los ejércitos de Israel y las huestes filisteas se trabaron en mortal combate.  Aunque la temible escena de la cueva de Endor había ahuyentado toda esperanza de su corazón, Saúl luchó con valor desesperado por su trono y por su reino. 

Pero fue en vano.  "Los de Israel huyeron delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa".  Tres hijos valerosos del rey perecieron a su lado.  Los arqueros apremiaban más y más a Saúl.  Habían visto a sus soldados caer en derredor suyo, y a sus nobles hijos abatidos por la espada.  Herido él mismo, ya no podía pelear ni huir. 

Le era imposible escapar, y resuelto a no ser capturado vivo por los filisteos, ordenó a su escudero: "Saca tu espada, y pásame con ella".  Cuando el hombre se negó a levantar la mano contra el ungido del Señor, Saúl se quitó él mismo la vida dejándose caer sobre su propia espada.  Así pereció el primer rey de Israel cargando su alma con la culpa del suicidio.

Siguiendo los dictados de Satanás, Saúl apresuró el mismo resultado que con habilidad no santificada, estaba tratando de impedir.

El consejo del Señor había sido despreciado una y otra vez por el rey rebelde, y el Señor lo había abandonado a la insensatez de su propia sabiduría.  La influencia del Espíritu de Dios lo hubiera contenido de seguir la impía conducta que había elegido, que a su tiempo produjo su ruina. 

Dios odia todo pecado, y cuando el hombre rehúsa persistentemente todo el consejo del Cielo, es abandonado al engaño del enemigo para ser arrastrado por sus propias pasiones, y seducido.

El primer rey de Israel resultó un fracaso, porque puso su voluntad sobre la voluntad de Dios.   Mediante el profeta Samuel, el Señor instruyó a Saúl que como rey de Israel su curso de acción debía estar regido por la más estricta integridad.  Entonces Dios bendeciría su gobierno con prosperidad.

Pero Saúl se negó a hacer de la obediencia a Dios su primera consideración, y de los principios del cielo el gobierno de su conducta. Murió en medio de la deshonra y la desesperación.

LLANTO POR UN AMIGO*
2 Sam. 1: 13-27.¡Cómo han caído los valientes, han perecido las armas de guerra! (2 Sam. 1: 27).Dos veces había tenido David a Saúl en su poder; pero cuando se le exhortó a que le diera muerte, se negó a levantar la mano contra el que había sido consagrado por orden de Dios para gobernar a Israel. . .

El dolor de David por la muerte de Saúl era sincero y profundo; y revelaba la generosidad de una naturaleza noble.  No se alegró de la caída de su enemigo.  El obstáculo que había impedido su ascensión al trono de Israel había sido eliminado, pero no se regocijó por ello. 

La muerte había borrado por completo todo recuerdo de la desconfianza y crueldad de Saúl, y de su historia David recordaba sólo lo que era regio y noble.  El nombre de Saúl iba vinculado con el de Jonatán, cuya amistad había sido tan sincera y tan desinteresada.

Jonatán, que por nacimiento era heredero del trono, sabía que había sido privado de él por decreto divino; fue el más tierno y fiel amigo de David, su rival, y lo protegió a riesgo de su vida; fue fiel a su padre durante los días sombríos de la decadencia de su poder, y cayó al fin a su lado. El nombre de Jonatán está atesorado en el cielo, y en la tierra es un testimonio de la existencia y del poder del amor abnegado

El canto en que David derramó los sentimientos de su corazón, llegó a ser un tesoro para la nación, y para el pueblo de Dios en las generaciones sucesivas:
"¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!
¡Jonatán, muerto en tus alturas!
Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,
Que me fuiste muy dulce.
Más maravilloso me fue tu amor, que el amor de las mujeres.
¡Cómo han caído los valientes,
Y perecieron las armas de guerra!"

Por COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

martes, 5 de octubre de 2010

P3¿QUE OCURRE CON LAS PREDICACIONES EN LAS IGLESIAS EVANGELICAS?



Las verdades que han sido reveladas

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad". Aprende a tomar las verdades que han sido reveladas y a usarlas de tal forma que sean alimento para la grey de Dios.

Nos encontraremos con aquellos que dejan que su mente divague en especulaciones ociosas acerca de cosas de las que no se dice nada en la Palabra de Dios. Dios ha hablado en lenguaje clarísimo acerca de cada tema que afecta la salvación del alma. Pero desea que evitemos toda forma de soñar despiertos, y dice: Ve hoy a trabajar en mi viña. Viene la noche cuando nadie puede obrar. Abandonemos toda curiosidad ociosa; velemos, obremos y oremos. Estudiemos las verdades que han sido reveladas. Cristo desea destruir todos los ensueños vacíos y nos señala los campos maduros para la cosecha. A menos que trabajemos fervientemente, la eternidad nos abrumará con su peso de responsabilidad . . .

En los días de los apóstoles, se presentaban como verdad las herejías más necias. La historia ha sido así, y se repetirá. Siempre habrá quienes, aunque aparentemente son concienzudos, se aferrarán de la sombra prefiriéndola a la sustancia. Toman el error en lugar de la verdad, porque el error está revestido de una nueva vestimenta que les parece que cubre algo maravilloso. Pero quítese la cubierta, y nada aparece dentro.

Cuestiones de importancia eterna

Ocúpese de las lecciones de las que se ocupó Cristo. Preséntelas a la gente como él las presentaba. Ocúpese de las cuestiones que conciernen a nuestro bienestar eterno. Cualquier cosa que el enemigo pueda idear para apartar la mente de la Palabra de Dios, cualquier cosa nueva y extraña que pueda originar para crear diversidad de opiniones, la introducirá como algo maravillosamente importante. Pero aquellas cosas que no podemos comprender claramente no tienen para nosotros ni una décima parte de la importancia de las verdades de la Palabra de Dios que podemos comprender claramente y emplear en nuestra vida diaria. Hemos de enseñar a la gente las lecciones que Cristo incluyó en sus enseñanzas de las Escrituras del Antiguo Testamento. El lenguaje de la verdad divina es sumamente clarO.

Puntos innecesarios para la fe

Se debate acerca de muchas cuestiones que no son necesarias para la perfección de la fe. No tenemos tiempo para su estudio. Muchas cosas están por encima de la comprensión finita. Se han de recibir verdades que no están dentro del alcance de nuestra razón y que no son para que  las expliquemos. La revelación nos las presenta para ser recibidas sin reservas, como las palabras de un Dios infinito. 

Si bien es cierto que todo hábil investigador ha de deducir la verdad como es en Jesús, hay cosas que todavía no están simplificadas, declaraciones que las mentes humanas no pueden comprender y deducir sin exponerse a hacer cálculos y explicaciones de origen humano que no resultarán en sabor de vida para vida.

Pero cada verdad que nos es esencial para emplearla en nuestra vida práctica, que concierne a la salvación del alma, se presenta muy clara y positivamente


Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

P7 LA HISTORIA ROMANA EN LOS DIAS DEL NUEVO TESTAMENTO


VII. Desde Galba hasta Adriano (68-138 d.C.)

Sucesores de Nerón, 68-69 d.C.-

Galba, jefe supremo del ejército en España, fue elegido rápidamente por sus soldados para que ocupara el lugar de Nerón. Esta fue la primera vez que un emperador fue nombrado por sus soldados en la provincia, lejos de Roma. Con esta elección Roma también se apartó de la antigua familia juliana, de la cual habían salido hasta entonces todos los Césares. Galba se dirigió a Roma.

 Por supuesto, hubo otros aspirantes al trono, y Galba hizo matar a varios nobles conspiradores, a algunos sin juicio previo. El nuevo emperador no estaba dispuesto a esgrimir solo la autoridad imperial, y aceptó que se le nombrara como asociado a un romano notable llamado Pisón.

El hecho de que el senado aclamara el nombramiento de Pisón, ofendió profundamente a Otón, el que una vez fuera esposo de Popea, mujer de Nerón. Otón, que también era general, conquistó el favor de algunos de los soldados, y después fue presentado ante la guardia pretoriana que lo aclamó como emperador. Los soldados abandonaron a Galba, y cuando éste y Pisón se presentaron en el Foro, Galba fue asesinado inmediatamente, y poco después Pisón sufrió la misma suerte.

Las noticias de este disturbio y derramamiento de sangre llegaron a las Galias, donde el legado Vitelio aceptó las súplicas de los soldados de que fuera emperador. Las legiones de las Galias y de Alemania apoyaron a Vitelio, y éste marchó hacia Roma. Otón salió a hacerle frente en el norte de Italia, y en la batalla que se riñó fue muerto y su ejército fue derrotado. Vitelio marchó sobre la capital, donde el impotente senado lo aclamó emperador.

Mientras tanto había surgido Vespasiano, otro candidato, que entonces servía como legado en Judea. Su familia era prácticamente desconocida, pero él había cumplido con éxito importantes responsabilidades. Había sido legado de una legión en Britannia y finalmente había llegado al consulado.

En los últimos años de la vida de Nerón habían estallado graves desórdenes en Palestina, y Vespasiano había sido enviado allí para aplastar la revolución judía. Mientras estaba cumpliendo esa comisión, el ejército de Oriente lo proclamó emperador. Los ejércitos del norte de Italia también le ofrecieron su lealtad. Vespasiano marchó hacia Roma y derrotó a las fuerzas de Vitelio. El senado de buena gana declaró emperador a Vespasiano. Nerón había tenido tres sucesores en menos de un año.

Durante estos importantes cambios dinásticos, ¿qué había sucedido al Imperio Romano en su conjunto? Debe destacarse de nuevo que fuera del imperio no había ningún poder fuerte que pudiera aprovecharse del desorden de Roma. Partía, el único posible retador del poder imperial, acababa de sufrir una derrota ante los romanos. Dentro de los límites del imperio no había ningún partido organizado, de "oposición", que aprovechara de los disturbios; por lo tanto, el ritmo de la vida del imperio prosiguió a pesar de los tumultos de la capital.

Es cierto que fueron perturbadas las zonas por donde pasaban los ejércitos que iban a entronizar a sus respectivos generales en Roma, y que fueron depuestos los legados, procuradores y procónsules de algunas de las provincias. Era inevitable que hubiera perturbaciones en los negocios, especialmente, a medida que los nobles que tenían un capital invertido se veían implicados en sucesivos cambios de gobierno.

Pero en su conjunto la vida del imperio prosiguió como lo había hecho durante cien años antes, cuando casi se llegó a la anarquía con motivo del asesinato de julio César. Continuaba el comercio marítimo. Los agricultores proseguían sus labores. Las legiones continuaban con su misión de vigilancia, y elegían a los generales a quienes querían permanecer leales.

A pesar de toda la corrupción, había una base sólida en el pueblo, en los hogares en los cuales padres y madres continuaban con sus deberes al lado de sus hijos y echaban el  fundamento imprescindible de la vida de sus comunidades.  Los sacerdotes continuaban con sus deberes en los templos paganos.  Los adictos a los cultos de misterio proseguían con sus prácticas religiosas.  El cristianismo también continuaba creciendo entre la gente como una levadura de bien.

Vespasiano, 69-79 d. C.-

Vespasiano dejó a Tito, su hijo mayor, para que continuara subyugando a los rebeldes judíos, mientras él continuaba lentamente su viaje a Roma.  Sus intereses en la capital estaban a cargo de Muciano, legado de Siria, y de Domiciano, el hijo menor del emperador.

Tito completó con eficacia la tarea comenzada por su padre. Jerusalén fue cercada en la primavera (marzo-mayo) del año 70 d. C., y a fines de agosto, después de una tenaz resistencia, fue tomada y casi completamente destruida. Tito regresó triunfalmente a Roma, llevando consigo a miles de cautivos y un gran botín. En el arco de Tito que aún está en Roma se conmemora su victoria. (Hay una detallada descripción de las guerras judías y de la destrucción de Jerusalén en el t. V, pp. 74-79.)

Cuando Vespasiano estaba por vestir la púrpura imperial, algunas de las legiones que lo habían apoyado en las Galias y en la parte baja de Alemania trataron de terminar sus relaciones con Roma y de formar un gobierno separado en las provincias galas; pero sólo bastó una demostración de fuerza de Muciano para que las legiones se sometieran, y se apagó la revuelta. 

Como una cantidad de legiones auxiliares de naturaleza tribal habían participado en la rebelión, el gobierno romano comenzó desde entonces la práctica de asignar los auxiliares tribales en partes del imperio distantes de su terruño para disminuir el riesgo de tales rebeliones.

Cuanto Tito regresó de Palestina, Vespasiano lo convirtió en prefecto del pretorio y le dio el poder tribunicio: la autoridad, pero no el cargo de tribuno. Juntos manejaron con sabiduría el imperio. 

Su principal contribución quizá fue en lo que atañe a las finanzas, donde el sentido de economía de Vespasiano restauró la tesorería que había quedado vacía debido a los despilfarros de los emperadores anteriores.  Fueron reorganizadas varias provincias, y la defensa imperial se fortaleció por el norte hasta Britannia y en las fronteras formadas por los ríos Rin, Danubio y Eufrates. 

La construcción de imponentes edificios en Roma dio un aire de prosperidad al nuevo régimen.  Fue restaurado el incendiado templo capitalino, se erigió un templo de la paz y se comenzó la obra del Coliseo monumental, cuyas ruinas existen todavía.  Tan estable fue el gobierno de Vespasiano, que cuando él murió en el año 79, Tito pudo sucederlo sin disturbios.

Tito, 79-81 d. C.-

El hijo demostró ser un digno sucesor de su eficiente padre.  Por desgracia, su reinado fue corto; por eso no pudo cumplir muchas de sus primeras promesas.  El recuerdo de su gobierno fue también entenebrecido por dos desastres.  En el año 79 el Vesubio hizo erupción y su lava volcánica sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano, cuyas ruinas, al ser excavadas, han proporcionado una rica fuente documental acerca de la vida romana en Italia durante el siglo I de nuestra era. 

Un año más tarde Roma sufrió otra vez un desastroso incendio que ardió durante tres días y dejó gran parte de la ciudad en ruinas.  Sin embargo, nadie culpó a Tito por esas catástrofes, y su muerte en el año 81 d. C. fue profundamente lamentada en el imperio. Domiciano, su hermano menor, ocupó el trono sin oposición.

Domiciano, 81-96 d. C.-

El nuevo gobernante tenía un interés genuino en la vida política, social y literaria del imperio; pero el bien que realizó quedó anulado por el odio que despertaban sus métodos violentos y autocráticos.  A pesar de todo, la historia registra los progresos imperiales durante su mandato.  Autorizó una campaña  desde Britannia a Caledonia (Escocia), y él mismo comandó un ejército que penetró en Alemania cruzando el Rin.  Allí anexó al imperio un territorio al este de ese río. 

Una rebelión de dos legiones destacadas en Mainz fue fácilmente sofocada.  Esto dio lugar a la política de no tener más de una legión estacionada permanentemente en un lugar.  Una revuelta de las tribus germánicas al otro lado del bajo Danubio fue dominada con más dificultad, y el acuerdo que Domiciano hizo con esas tribus no fue duradero.

En los comienzos de su reinado se esforzó por deificar a los emperadores, y estableció un colegio sacerdotal de los Flavios para el culto de su difunto padre y de su hermano.  Se dio a sí mismo el título de dominus et deus ("señor y dios"), y así intensificó el culto del emperador por todo el imperio, lo que contribuyó a la persecución de la iglesia cristiana. Sin duda, el apóstol Juan fue desterrado en ese tiempo a la isla de Patmos, y se supone que una cantidad de otros discípulos fueron muertos durante su reinado. 

Es imposible decir ahora cuán abarcante y cuán cruel fue la persecución, pues muy poco se dice de ella en los registros de la época.  La mayor parte de las referencias se encuentran en escritos cristianos posteriores, como los de Tertuliano.  Esa persecución no representa una política imperial deliberada, sino que, como la de Nerón, fue el resultado del proceder autocrático del emperador y su resentimiento contra un conjunto de religiosos fanáticos que se negaban a ajustarse a la conducta general del pueblo romano.  Por esa misma razón castigó duramente a ciertos judíos que seguían rebelándose después de su derrota unos veinte años antes.

El reinado de Domiciano, que duró hasta que fue asesinado en el año 96 d. C., fue notable por los enconados conflictos del emperador con el senado.  Una cantidad de senadores eminentes fueron ejecutados, acusados de traición, y cuando murió el tirano, su nombre fue borrado de los registros oficiales por el senado y su memoria fue maldita.

Nerva, 96-98 d. C.-

Los conspiradores que eliminaron a Domiciano en el otoño (septiembre-noviembre) del año 96, eligieron como su sucesor a un anciano senador llamado Nerva.  Este era de carácter recto, pero no lo bastante fuerte para hacer frente a las dificultades heredadas de su predecesor.  Por lo tanto, adoptó a Trajano, el legado de la alta Alemania, para que gobernara con él.  Así como Vespasiano lo había hecho con Tito, Nerva dio a Trajano la autoridad tribunicia y el imperium de un procónsul.  Además de transferir los costos del servicio postal del gobierno de las ciudades a la tesorería imperial y de una decisión de dar ayuda estatal a los huérfanos, poco es lo que se registra del reinado de Nerva.  Cuando murió en el año 98, Trajano ocupó su lugar.

Trajano, 98-117 d. C.-

El nuevo emperador había nacido en Itálica, España, y fue el primer gobernante elegido de una provincia.  La elección resultó buena.  Su carácter era firme, tenía buen talento administrativo, era un general de éxito, y pronto ganó el afecto y el respeto de su pueblo.  Bajo su conducción prosperó un gobierno bien ordenado, las tropas estuvieron bajo control, fueron alimentados los niños pobres, la agricultura fue estimulada, se emprendió un extenso programa de construcciones y los caminos que cruzaban las provincias se mejoraron y ampliaron.  Tales planes exigían dinero, pero las finanzas se hallaban sobre una sólida base, y transitoriamente pudieron soportar la presión ejercida sobre ellas.

Una gran parte del reinado de Trajano correspondió a las campañas militares.  En dos duras guerras, Trajano añadió a Dacia (al norte del Danubio) a la lista de las provincias romanas.  Posteriormente, a partir del año 113, trató de conquistar a Partia.  Esto representaba ir más allá de las  fronteras establecidas por Augusto, y   muchos historiadores creen que Trajano no fue sabio al tratar de extender tanto el territorio de Roma.

Salvo la lucha contra Partia, este reinado fue próspero, pero se menoscabó por dos hechos.  Uno de ellos fue una grave rebelión de los judíos en el norte del África, Chipre, Egipto y Mesopotamia.  La rebelión fue tan grave que se necesitó un gran número de soldados romanos para dominarla.  La pérdida de vidas fue numerosa en ambos lados. Los judíos lucharon fanáticamente, y tanto éstos como sus enemigos perpetraron horribles matanzas antes de que la revolución fuera sofocada.

El otro hecho fue una persecución desatada contra los cristianos.  Trajano trazó una política para raer el cristianismo.  Existe una interesante e importante carta de Plinio el joven, gobernador del Ponto, quien escribe al emperador que el cristianismo se ha extendido tanto en su zona que los templos están desiertos, y los artesanos que hacen materiales para el culto de los dioses se han quedado sin trabajo.  Declara que ha seguido el procedimiento de hacer comparecer ante él a los acusados de ser cristianos, y si reconocen su fe, ha ordenado darles muerte.  Como resultado, el culto de los templos se ha restaurado en gran medida.

Trajano respondió y aprobó lo que había hecho Plinio; pero es digno de alabanza porque especifica que si alguno es acusado de ser cristiano, no debe ser procesado a menos que el acusador firme la acusación, y que los que reniegan de su fe cristiana no deben ser castigados; sin embargo, la pena de muerte es el castigo del que se reconoce como cristiano o se le compruebe que lo es (Plinio, Cartas x. 96-97).

Esta es la primera de una serie de medidas específicas establecidas por los emperadores romanos contra los cristianos.  Estas medidas no fueron abrogadas durante 140 años, y debido a ellas murieron miles de cristianos.  En el año 250 d. C., en los días del emperador Decio, se anunciaron nuevas disposiciones que resultaron mucho más duras. Su propósito era la exterminación de toda la iglesia.

Entre los cristianos que sufrieron el martirio en los días de Trajano, está la discutida figura de Ignacio, el que presidía en la iglesia de Antioquía de Siria.  Según las tradiciones incorporadas en posteriores biografías de él, fue arrestado y llevado a Roma.  Se ha supuesto que durante su viaje escribió una serie de epístolas, las cuales han suscitado preguntas que han perturbado por mucho tiempo a los eruditos.  Si son genuinas tales cartas, son una notable prueba del antiguo establecimiento de un episcopado que tenía mucha autoridad.

Los historiadores concuerdan en que el reinado de Trajano fue uno de los mejores en los extensos anales romanos.  Su muerte en Cilicia en el año 117, cuando regresaba a Roma, fue una gran pérdida para el imperio.

Adriano, 117-138 d. C.-

Trajano adoptó poco antes de morir a un primo suyo, conocido en la historia como Adriano, y éste fue su sucesor en el trono imperial.  Era extraordinariamente enérgico, profundamente interesado en el arte y en la literatura, y apreciaba mucho el helenismo. Sentía a fondo su responsabilidad de gobernador, y pasó mucho de su tiempo viajando por el imperio.

No era expansionista, y retiró las fuerzas romanas de los territorios orientales que Trajano acababa de anexar al imperio.  Efectuó una cantidad de reformas administrativas y se ocupó en un activo programa de construcción de caminos, edificios y acueductos. 

Su actividad militar más importante fue haber sofocado otra rebelión judía que comenzó cuando él emprendió el establecimiento de una colonia en el antiguo lugar de Jerusalén.  Las revueltas fueron esporádicas al principio, y sofocadas localmente; pero en 132 la rebelión estuvo mejor organizada y fue necesario movilizar un ejército contra ella.  Esta rebelión no fue sofocada sino hasta el año 135.  Hubo muchos muertos entre los judíos. (Esta revolución se trata más ampliamente en el t. V, p. 80).

Adriano continuó con la política de que la sucesión fuera por medio de la adopción de hombres dignos, política que había sido iniciada por Nerva y continuada por Trajano.  Pero ya estamos más allá del período histórico que es el tema de este capítulo: La historia romana en los días del Nuevo Testamento.

Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO