viernes, 6 de agosto de 2010

Cristo y La Ley el equilibrio perfecto: Satanas contra la Ley


Estamos en el umbral de grandes y solemnes acontecimientos. Las profecías se están cumpliendo. Se está registrando en los libros del cielo una historia extraña y significativa; acontecimientos que, como se declaró, sucederían poco antes del gran día de Dios. Todo en el mundo está alterado. Las naciones se han airado y se realizan grandes preparativos para la guerra. Una nación conspira contra otra y un reino contra otro.

El gran día de Dios se apresura rápidamente. Pero aunque las naciones alistan sus fuerzas para la guerra y el derramamiento de sangre, todavía está en vigencia la orden dada a los ángeles de que retengan los cuatro vientos hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes.

El mundo está comprobando ahora los resultados inevitables de la transgresión de la ley de Dios. Habiendo completado su obra creadora, el Señor descansó el séptimo día y lo santificó como el día de su reposo, apartándolo como el día que el hombre debía dedicar para el culto divino. Pero actualmente, por regla general, el mundo desdeña por completo la ley de Jehová.

El instrumento humano ha opuesto su conducta y su voluntad a las enseñanzas positivas de la Palabra, y el mundo está sumergido en rebelión y pecado. Esta obra de oposición a la ley de Dios tuvo su comienzo en las cortes celestiales con Lucifer, el querubín cubridor.

Satanás se propuso ser primero en los concilios celestiales, e igual a Dios. Comenzó su obra de rebelión con los ángeles que estaban a sus órdenes, procurando difundir entre ellos el espíritu de descontento. Y trabajó en una forma tan engañosa que muchos de los ángeles se decidieron por su causa antes de que se conocieran plenamente sus propósitos.

Aun los ángeles leales no pudieron discernir plenamente su carácter ni ver dónde llevaba su obra. Cuando Satanás consiguió ganar a muchos ángeles para su bando, llevó su causa a Dios, pretendiendo que era el deseo de los ángeles que él ocupara el puesto que tenía Cristo.

El mal continuó obrando hasta que el espíritu de descontento se tradujo en una revuelta activa. Entonces hubo guerra en el cielo y Satanás, con todos sus simpatizantes, fue expulsado. Satanás había lidiado en procura del dominio en el cielo, y había perdido la batalla. Dios no podía dispensarle más honor y supremacía, y éstos le fueron quitados junto con la parte que había tenido en el gobierno del cielo.

Desde entonces Satanás y su ejército aliado han sido los enemigos declarados de Dios en nuestro mundo, y han luchado siempre contra la causa de la verdad y la justicia. Satanás ha continuado presentando a los hombres, así como lo hizo a los ángeles, sus falsas descripciones de Cristo y de Dios, y ha ganado al mundo para su bando. Aun las iglesias que profesan ser cristianas se han puesto del lado del primer gran apóstata.

Satanás se describe a sí mismo como el príncipe del reino de este mundo y en ese carácter se aproximó a Cristo en la última de sus tres grandes tentaciones en el desierto. "Todo esto te daré, si postrado me adorares", le dijo al Salvador, señalando los reinos de este mundo que Satanás había hecho pasar delante de Jesús.

En las cortes celestiales, Cristo había sabido que llegaría el tiempo cuando debería hacer frente al poder de Satanás y debía vencerlo, si la raza humana había de ser salvada alguna vez de su dominio. Y cuando llegó ese tiempo, el Hijo de Dios depuso su corona real y su manto regio, y revistiendo su divinidad con humanidad, vino a la tierra para hacer frente al príncipe del mal y para vencerlo.

A fin de llegar a ser el Abogado del hombre delante del Padre, el Salvador había de vivir su vida en la tierra tal como deben hacerlo todos los seres humanos, aceptando sus adversidades, dolores y tentaciones. En la forma de la criaturita de Belén había de hacerse uno con la raza humana y mediante una vida intachable desde el establo a la cruz mostraría que el hombre, por una vida de arrepentimiento y fe en Cristo, podría ser restaurado al favor de Dios. Proporcionaría al hombre gracia redentora y perdón de pecados. Si los hombres retornaban a su lealtad y no desobedecían más, recibirían el perdón.

En la debilidad humana, Cristo había de hacer frente a las tentaciones que presentaba un ser dotado de las facultades más elevadas que Dios haya conferido a la familia angélica. Pero la humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad y en esa fortaleza podía soportar todas las tentaciones que Satanás acumulara contra él, y sin embargo mantendría su alma inmaculada sin pecado. Y ese poder para vencer, Cristo lo daría a cada hijo e hija de Adán que aceptara por fe los justos atributos de su carácter.

Dios amó tan tiernamente al mundo que dio a su Unigénito para que cualquiera que lo aceptara pudiera tener poder para vivir la vida justa de Cristo. Jesús demostró que es posible que el hombre se aferre por fe del poder de Dios. Demostró que, por el arrepentimiento y el ejercicio de la fe en la justicia de Cristo, el pecador puede ser reconciliado con Dios y puede llegar a ser participante de la naturaleza divina, venciendo la corrupción que hay en el mundo debido a la concupiscencia.

Hoy Satanás presenta las mismas tentaciones que presentó a Cristo, ofreciéndonos los reinos del mundo a cambio de nuestra sumisión. Pero no tienen poder las tentaciones de Satanás sobre aquel que contempla a Jesús como el autor y consumador de su fe. No puede hacer pecar al que acepte por fe las virtudes de Aquel que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
"De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". No puede ser vencido el que se arrepiente de sus pecados y acepta el don de la vida del Hijo de Dios. Aferrándose por fe de la naturaleza divina, llega a ser un hijo de Dios. Ora, cree. Cuando es tentado y probado, demanda el poder que Cristo dio con su muerte, y vence mediante la gracia de Jesús. Esto necesita entender cada pecador. Debe arrepentirse de sus pecados, debe creer en el poder de Cristo, y debe aceptar ese poder que salva y protege del pecado. ¡Cuán agradecidos debiéramos estar por la dádiva del ejemplo de Cristo!

Quizá abunden profundas teorías y especulaciones de creación humana, pero el que resulte vencedor al fin, debe ser lo suficientemente humilde como para depender del poder divino. Cuando así nos aferramos del poder del Infinito y venimos a Cristo diciendo: "Nada traigo en mis manos. Sólo de tu cruz me aferró", entonces los instrumentos divinos pueden cooperar con nosotros para santificar y purificar la vida.

No trate nadie de evadir la cruz. Podemos vencer mediante ella. Es mediante las aflicciones y las pruebas como los instrumentos divinos pueden llevar a cabo una obra en nuestras vidas que resultará en el amor, la paz y la bondad de Cristo.

Diariamente ha de realizarse una gran obra en el corazón humano por medio del estudio de la Palabra. Necesitamos aprender la sencillez de la verdadera fe. Esto dará sus frutos. Procuremos lograr decididos progresos en la comprensión espiritual. Hagamos de la preciosa Palabra nuestro consejero. Cada momento necesitamos caminar cuidadosamente, manteniéndonos cerca de Cristo. Se necesitan en la vida el espíritu y la gracia de Cristo y la fe que obra por el amor y purifica el alma.

Necesitamos entender claramente los requerimientos divinos que Dios presenta a su pueblo. Nadie debe dejar de entender la ley, que es el trasunto del carácter de Dios. Las palabras escritas por el dedo de Dios en tablas de piedra revelan tan perfectamente su voluntad para su pueblo, que nadie necesita cometer ningún error. Las leyes de su reino fueron dadas a conocer definidamente para ser reveladas después a las gentes de todas las naciones y lenguas como los principios del gobierno divino. Haríamos bien en estudiar esas leyes registradas en Éxodo 20 y en el capítulo 31: 12- 18.

Cuando se siente el Juez, se abran los libros y cada hombre sea juzgado de acuerdo con las cosas escritas en los libros, entonces las tablas de piedra, ocultas por Dios hasta aquel día, serán presentadas delante del mundo como la norma de justicia. Entonces hombres y mujeres verán que el prerrequisito de su salvación es obediencia a la perfecta ley de Dios. Nadie hallará excusa para el pecado. Mediante los justos principios de aquella ley, los hombres recibirán su sentencia de vida o muerte.

jueves, 5 de agosto de 2010

POR QUE EXISTE EL MAL?



"OTRA parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembre buena simiente en su campo: mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña".

"El campo -dijo Jesús- es el mundo". Pero debemos entender que esto significa la iglesia de Cristo en el mundo. La parábola es una descripción de lo que pertenece al reino de Dios, su obra por la salvación de los hombres; y esta obra se realiza por medio de la iglesia. En verdad, el Espíritu Santo ha salido a todo el mundo; por todas partes obra en los corazones de los hombres; pero es en la iglesia donde hemos de crecer y madurar para el alfolí de Dios.

"El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre... La buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo". La buena simiente representa a aquellos que son nacidos de la palabra de Dios, de la verdad. La cizaña representa a una clase que constituye los frutos o la personificación del error o los falsos principios. "Y el enemigo que la sembró, es el diablo". Ni Dios ni sus ángeles han sembrado jamás una simiente que produjese cizaña. La cizaña es sembrada siempre por Satanás, el enemigo de Dios y del hombre.

En el Oriente, los hombres se vengaban a veces de un enemigo esparciendo en sus campos recién sembrados semillas de alguna hierba nociva que, mientras crecía, se parecía mucho al trigo. Brotando conjuntamente con el trigo, dañaba la cosecha e imponía dificultades y pérdidas al dueño del campo.

Así, a causa de la enemistad hacia Cristo, Satanás esparce sus malas semillas entre el buen grano del reino. Y atribuye el fruto de esta siembra al Hijo de Dios. Trayendo al seno de la iglesia a aquellos que llevan el nombre de Cristo pero cuyo carácter lo niega, el maligno hace que Dios sea deshonrado, que la obra de la salvación quede falseada y que las almas peligren.

Los siervos de Cristo se entristecen al ver a los verdaderos y los falsos creyentes mezclados en la iglesia. Anhelan hacer algo para limpiar la iglesia. Como los siervos del padre de familia, están listos para desarraigar la cizaña. Pero Cristo les dice: "No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega".

Cristo ha enseñado claramente que aquellos que persisten en pecados manifiestos deben ser separados de la iglesia; pero no nos ha encomendado la tarea de juzgar el carácter y los motivos.

El conoce demasiado bien nuestra naturaleza para confiarnos esta obra a nosotros. Si tratásemos de extirpar de la iglesia a aquellos que suponemos cristianos falsos, cometeríamos seguramente errores. A menudo consideramos sin esperanza a los mismos a quienes Cristo está atrayendo hacia sí.

Si tuviéramos nosotros que tratar con estas almas de acuerdo con nuestro juicio imperfecto tal vez ello extinguiría su última esperanza. Muchos que se creen cristianos serán hallados faltos al fin. En el cielo habrá muchos de quienes sus prójimos suponían que nunca entrarían allí. El hombre juzga por la apariencia, pero Dios juzga el corazón. La cizaña y el trigo han de crecer juntamente hasta la cosecha; y la cosecha es el fin del tiempo de gracia.

Existe otra lección en las palabras del Salvador, una lección de maravillosa clemencia y tierno amor. Así como la cizaña tiene sus raíces estrechamente entrelazadas con las del buen grano, los falsos cristianos en la iglesia pueden estar estrechamente unidos con los verdaderos discípulos. El verdadero carácter de estos fingidos creyentes no es plenamente manifiesto. Si se los separase de la iglesia, se haría tropezar a otros que, de no mediar esto, habrían permanecido firmes.

La enseñanza de esta parábola queda ilustrada en el propio trato de Dios con los hombres y los ángeles. Satanás es un engañador. Cuando él pecó en el cielo, aun los ángeles leales no discernieron plenamente su carácter. Esta es la razón por la cual Dios no destruyó en el acto a Satanás. Si lo hubiese hecho, los santos ángeles no hubieran percibido la justicia y el amor de Dios.

Una duda acerca de la bondad de Dios habría sido una mala semilla productora de amargos frutos de pecado y dolor. Por lo tanto, el autor del mal fue dejado con vida hasta que desarrollase plenamente su carácter. A través de las largas edades, Dios ha soportado la angustia de contemplar la obra del mal, y otorgó el infinito Don del Calvario antes de permitir que alguien fuese engañado por las falsas interpretaciones del maligno; pues la cizaña no podía ser extirpada sin peligro de desarraigar también el grano precioso. ¿Y no seremos nosotros tan tolerantes para con nuestros semejantes como el Señor del cielo y de la tierra lo es con Satanás?

El mundo no tiene derecho a dudar de la verdad del cristianismo porque en la iglesia haya miembros indignos, ni debieran los cristianos descorazonarse a causa de esos falsos hermanos. ¿Qué ocurrió en la iglesia primitiva? Ananías y Safira se unieron con los discípulos. Simón el mago fue bautizado. Demas, que desamparó a Pablo, había sido contado como creyente. Judas Iscariote figuró entre los apóstoles.

El Redentor no quiere perder un alma; su trato con Judas fue registrado para mostrar su larga paciencia con la perversa naturaleza humana; y nos ordena que seamos indulgentes como él lo fue. El dijo que los falsos hermanos se hallarán en la iglesia hasta el fin del tiempo.

A pesar de la amonestación de Cristo, los hombres han tratado de extirpar la cizaña. Para castigar a aquellos que se suponía eran obradores de maldad, la iglesia ha recurrido al poder civil.
Aquellos que diferían en sus opiniones de las doctrinas establecidas han sido encarcelados, torturados y muertos, a instigación de hombres que aseveraban estar obrando bajo la sanción de

Cristo. Pero es el espíritu de Satanás y no el de Cristo el que inspira tales actos. Es el mismo método que usa Satanás para conquistar el mundo. Dios ha sido falsamente representado por la iglesia a causa de la forma de tratar con aquellos que se suponía eran herejes.

La parábola de Cristo nos enseña a ser humildes y a desconfiar de nosotros mismos, y a no juzgar ni condenar a los demás. No todo lo que se siembra en los campos es buena simiente. El hecho de que los hombres se hallen en el seno de la iglesia no prueba que sean cristianos.

La cizaña era muy parecida al trigo mientras estaba verde; pero cuando el campo se ponía blanco para la siega, las hierbas sin valor no tenían ninguna semejanza con el trigo que se doblaba bajo el peso de sus llenas y maduras espigas.

Los pecadores que hacen alarde de piedad se mezclan por un tiempo con los verdaderos seguidores de Cristo, y su apariencia de cristianismo tiene por fin engañar a muchos; pero en la cosecha del mundo no habrá ninguna semejanza entre lo bueno y lo malo. Entonces aquellos que se han unido a la iglesia, pero que no se han unido a Cristo, serán manifestados.

Se permite que la cizaña crezca entre el trigo, que tenga todas las ventajas del sol y de la lluvia, pero en el tiempo de la siega, vosotros "os tornaréis, y echaréis de ver 53 la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve".*

Cristo mismo decidirá quiénes son dignos de vivir con la familia del cielo. El juzgará a cada hombre de acuerdo con sus palabras y sus obras. El hacer profesión de piedad no pesa nada en la balanza. Es el carácter lo que decide el destino.

El Salvador no nos señala un tiempo en que toda la cizaña se convertirá en trigo. El trigo y la cizaña crecen juntamente hasta el tiempo de la cosecha, el fin del mundo. Entonces la cizaña se ata en manojos para ser quemada, y el trigo se junta en el granero de Dios. "Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre". Entonces "enviará el Hijo de Dios sus ángeles y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes".

La Biblia y La Ciencia


"¿Qué cosa de todas ésas no entiende que la mano de Jehová la hizo?"

PUESTO que el libro de la naturaleza y el de la revelación llevan el sello de la misma Mente maestra, no pueden sino hablar en armonía. Con diferentes métodos y lenguajes, dan testimonio de las mismas grandes verdades. La ciencia descubre siempre nuevas maravillas, pero en su investigación no obtiene nada que, correctamente comprendido, discrepe con la revelación divina. El libro de la naturaleza y la Palabra escrita se alumbran mutuamente. Nos familiarizan con Dios al enseñarnos algo de las leyes por medio de las cuales él obra.

Sin embargo, algunas deducciones erróneas de fenómenos observados en la naturaleza, han hecho suponer que existe un conflicto entre la ciencia y la revelación y, en los esfuerzos realizados para restaurar la armonía entre ambas, se han adoptado interpretaciones de las Escrituras que minan y destruyen la fuerza de la Palabra de Dios.

Se ha creído que la geología contradice la interpretación literal del relato mosaico de la creación. Se pretende que se requirieron millones de años para que la tierra evolucionara a partir del caos, y a fin de acomodar la Biblia a esta supuesta revelación de la ciencia, se supone que los días de la creación han sido vastos e indefinidos períodos que abarcan miles y hasta millones de años.

Semejante conclusión es enteramente innecesaria. El relato bíblico está en armonía consigo mismo y con la enseñanza de la naturaleza. Del primer día empleado en la obra de la creación se dice: "Y fue la tarde y la mañana un día".* Lo mismo se dice en sustancia de cada uno de los seis días de la semana de la creación.

La Inspiración declara que cada uno de esos períodos ha sido un día compuesto de mañana y tarde, como cualquier otro día transcurrido desde entonces. En cuanto a la obra de la creación, el testimonio divino es como sigue: "Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió".* ¿Cuánto tiempo necesitaría para sacar la tierra del caos Aquel que podía llamar de ese modo a la existencia a los mundos innumerables? Para dar razón de sus obras, ¿hemos de violentar su Palabra?

Es cierto que los restos encontrados en la tierra testifican que existieron hombres, animales y plantas mucho más grandes que los que ahora se conocen. Se considera que son prueba de la existencia de una vida animal y vegetal antes del tiempo mencionado en el relato mosaico. Pero en cuanto a estas cosas, la historia bíblica proporciona amplia explicación. Antes del diluvio, el desarrollo de la vida animal y vegetal era inconmensurablemente superior al que se ha conocido desde entonces.

En ocasión del diluvio, la superficie de la tierra sufrió conmociones, ocurrieron cambios notables, y en la nueva formación de la costra terrestre se conservaron muchas pruebas de la vida preexistente. Los grandes bosques sepultados en la tierra cuando ocurrió el diluvio, convertidos después en carbón, forman los extensos yacimientos carboníferos y suministran petróleo, sustancias necesarias para nuestra comodidad y conveniencia. Estas cosas, al ser descubiertas, son otros tantos testigos mudos de la veracidad de la Palabra de Dios.

Semejante a la teoría referente a la evolución de la tierra es la que atribuye a una línea ascendente de gérmenes, moluscos y cuadrúpedos, la evolución del hombre, corona gloriosa de la creación.
Cuando se consideran las oportunidades que tiene el hombre para investigar, cuando se considera cuán breve es su vida, cuán limitada su esfera de acción, cuán restringida su visión, cuán frecuentes y grandes son los errores de sus conclusiones, especialmente en lo que se refiere a los sucesos que se supone precedieron a la historia bíblica, cuán a menudo se revisan o desechan las supuestas deducciones de la ciencia, con qué prontitud se añaden o quitan millones de años al supuesto período del desarrollo de la tierra y cómo se contradicen las teorías presentadas por diferentes hombres de ciencia; cuando se considera esto, ¿consentiremos nosotros, por el privilegio de rastrear nuestra ascendencia a través de gérmenes, moluscos y monos, en desechar esa declaración de la Santa Escritura, tan grandiosa en su sencillez: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó"?* ¿Desecharemos el informe genealógico -más magnífico que cualquiera atesorado en las cortes de los reyes: "Hijo de Adán, hijo de Dios" ?* Debidamente comprendidas, tanto las revelaciones de la ciencia como las experiencias de la vida están en armonía con el testimonio de la Escritura en cuanto a la obra constante de Dios en la naturaleza.
En el himno registrado en el libro de Nehemías, los levitas cantaron: "Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas".*

En lo que respecta a esta tierra, las Escrituras declaran que la obra de la creación ha sido terminada. "Las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo".* Pero el poder de Dios está aún en acción para sostener los objetos de su creación. No late el pulso ni se suceden las respiraciones por el hecho de que el mecanismo una vez puesto en movimiento sigue actuando por su propia energía inherente. Cada respiración, cada latido del corazón es una evidencia del cuidado de Aquel en quien vivimos, nos movemos y somos. Desde el insecto más pequeño, hasta el hombre, toda criatura viviente depende diariamente de su providencia.

"Todos ellos esperan en ti Les das, recogen;Abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, Y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra".* Sal. 104: 27-30.

"El extiende el norte sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada. Ata las aguas en sus nubes, Y las nubes no se rompen debajo de ellas. . .Puso límite a la superficie de las aguas, Hasta el fin de la luz y las tinieblas. Las columnas del cielo tiemblan, Y se espantan a su reprensión. El agita el mar con su poder. . .Su espíritu adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa, He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?".* Job. 26: 7, 8, 10-14.

EL CRISTIANO Y LOS NEGOCIOS


"El que camina en integridad anda confiado".

NO HAY ocupación lícita para la cual no provea la Biblia una preparación esencial. Sus principios de diligencia, honradez, economía, temperancia y pureza, son el secreto del verdadero éxito. Estos principios, según los presenta el libro de Proverbios, constituyen un tesoro de sabiduría práctica. ¿Dónde pueden hallar el comerciante, el artesano, el conductor de hombres en cualquier tipo de actividad, mejores máximas para sí y sus empleados que las que se encuentran en las palabras del sabio?

"¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición".* Prov. 22: 29.

"En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen".* Prov. 14: 23.

"El alma del perezoso desea, y nada alcanza". "Porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos".* Prov. 13: 4; 23: 21.

"El que anda en chismes descubre el secreto ; no te entremetas, pues, con el suelto de lengua".* Prov. 20:19.

"El que ahorra sus palabras tiene sabiduría"; pero "todo insensato se envolverá en ella".* Prov. 17: 27; 20: 3.

"No entres por la vereda de los impíos". "¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen ?"* Prov. 4: 14; 6: 28.

"El que anda con sabios, sabio será ".* Prov. 13: 20.

"El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo".* Prov. 18: 24.

Toda la gama de nuestras obligaciones mutuas está resumida en esta declaración de Cristo: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos".* Mat. 7: 12.

Más de un hombre hubiera escapado al fracaso y a la ruina financiera, si hubiese tenido en cuenta las advertencias que las Escrituras repiten y recalcan.

"El que se apresura a enriquecerse no será sin culpa".* Prov. 28: 20.

"Las riquezas de vanidad disminuirán; pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta".* Prov. 13: 11

"Amontonar tesoros con lengua mentirosa es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte".* Prov. 21: 6.

"El que toma prestado es siervo del que presta".* Prov. 22: 7.

"Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro".* Prov.11: 15.

"No traspases el lindero antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos; porque el defensor de ellos es el fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti". "El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias, o que da al rico, ciertamente se empobrecerá". "El que cava foso caerá en él; y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá".* Prov. 23: 10, 11; 22:16; 26: 27.

A estos principios está ligado el bienestar de la sociedad, tanto en las relaciones seculares como en las religiosas. Ellos son los que dan seguridad a la propiedad y la vida. Por todo lo que hace posible la confianza y la cooperación, el mundo es deudor a la ley de Dios, según la da su Palabra, y según se puede encontrar aún, en rasgos a menudo oscuros y casi borrados, en el corazón de los hombres.

Las palabras del salmista: "Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y plata" * Sal. 119: 72. declaran algo que es cierto desde otros puntos de vista, fuera del religioso. Declaran una verdad absoluta, reconocida en el mundo de los negocios. Hasta en esta época de pasión por la acumulación de dinero, cuando hay tanta competencia y los métodos son tan poco escrupulosos, se reconoce ampliamente que, para el joven que se inicia en la vida, la integridad, la diligencia, la temperancia, la economía y la pureza constituyen un capital mejor que el constituido meramente por una suma de dinero.

Sin embargo, aún entre los que aprecian el valor de estas cualidades y reconocen que tienen su origen en la Biblia, hay pocos que aceptan el principio en que se fundan.

El cimiento de la integridad comercial y del verdadero éxito es el reconocimiento del derecho de propiedad de Dios. El Creador de todas las cosas es el propietario original. Nosotros somos sus mayordomos. Todo lo que tenemos es depósito suyo para que lo usemos de acuerdo con sus indicaciones.

Esta obligación pesa sobre cada ser humano. Se aplica a toda la gama de la actividad humana. Reconozcámoslo o no, somos mayordomos a quienes Dios ha otorgado talentos y capacidades, y los ha puesto en el mundo para hacer la obra que él les ha asignado.

A cada hombre se le confiere "su obra"*, la obra para la cual lo capacitan sus aptitudes, la que dará como resultado la mayor suma de bien para sí mismo y sus semejantes, y la mayor honra para Dios.

De modo que nuestro negocio a vocación forma parte del gran plan de Dios y, mientras se lleve a cabo de acuerdo con su voluntad, él se responsabilizará de los resultados. Como "colaboradores de Dios"* 1 Cor. 3: 9., la parte que nos toca es obedecer fielmente sus instrucciones. No hay, por lo tanto, lugar para la preocupación y la ansiedad. Se requieren diligencia, fidelidad, cuidado, economía y discreción. Cada facultad debe emplearse hasta lo sumo. Pero no debemos poner nuestra confianza en el resultado feliz de nuestros esfuerzos, sino en la promesa de Dios. La Palabra que alimentó a Israel en el desierto, y mantuvo a Elías mientras prevalecía el hambre, tiene hoy el mismo poder que entonces. "No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos?. . . Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas".* Mat. 6: 31-33.

El que da a los hombres la facultad de obtener riquezas, ha unido al don una obligación. Reclama una porción determinada de todo lo que adquirimos. El diezmo pertenece al Señor. "Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles". . . "Y todo diezmo de vacas o de ovejas. . . será consagrado a Jehová".* La promesa hecha por Jacob en Betel, muestra lo que abarca la obligación. "De todo lo que me dieres -dijo-, el diezmo apartaré para ti".* Gén. 28: 22.

"Traed los diezmos al alfolí" *, es la orden de Dios. No se extiende ninguna invitación a la gratitud 139 o generosidad. Es una cuestión, de simple honradez. El diezmo pertenece al Señor, y él nos ordena que le devolvamos lo que le pertenece.

"Se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel".* Si la honradez es un principio esencial en los negocios, ¿no hemos de reconocer nuestra obligación hacia Dios, obligación en la que se basan todas las demás?

De acuerdo con las condiciones en que se funda nuestra mayordomía, tenemos obligaciones, no sólo con Dios, sino con los hombres. Todo ser humano está en deuda con el amor infinito del Redentor por los dones de la vida. El alimento, el vestido, el abrigo, el cuerpo, la mente y el alma, todo ha sido comprado con su sangre. Y por la deuda de gratitud y servicio que nos ha impuesto, Cristo nos ha ligado a nuestros semejantes. Nos ordena: "Servíos por amor los unos a los otros".* "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis".*

"A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios -declara Pablo- soy deudor".* Rom 1: 14. Lo mismo ocurre con nosotros. Puesto que nos ha bendecido más que a los demás, somos deudores de todo ser humano a quien podamos beneficiar.

Estas verdades tienen que ver no sólo con la cámara privada, sino con la oficina de contabilidad también. Los bienes que manejamos no nos pertenecen, y jamás estaremos seguros si perdemos de vista este hecho. Somos sólo administradores, y del cumplimiento de nuestra obligación hacia Dios dependen tanto el bienestar de nuestros semejantes, como nuestro propio destino en esta vida y la venidera.

"Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero140 vienen a pobreza". "Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás". "El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado".* Prov. 11: 24; Ecl. 11: 1; Prov. 11: 25.

CUANDO DEBO DEJAR MI IGLESIA?


Dejar una iglesia no es algo que se debe hacer a la ligera. Mucha gente abandona su iglesia por asuntos que no tienen importancia. Dejar una iglesia en donde se predica sana doctrina debido a desacuerdos por simples asuntos de preferencia, no es una buena razón para dejar dicha iglesia. A los cristianos se les manda respetar, honrar, y obedecer a aquellos a quienes Dios a puesto en posiciones de liderazgo en la iglesia (He. 13:7, 17).

Sin embargo, hay ocasiones en las que es necesario salir de una iglesia por causa de la consciencia de uno o por la obligación de obedecer a Dios y no a los hombres. Ciertas circunstancias incluyen:

Si desde el púlpito se está enseñando herejía en una verdad fundamental (Gá. 1:7-9).

Si los líderes de la iglesia toleran doctrina con errores serios, de cualquier persona a quien se le ha dado autoridad para enseñar (Ro. 16:17).

Si la iglesia es conocida por un menosprecio descarado de las Escrituras, tal como el negar la disciplina de miembros que están en pecado abierto (1 Co. 5:1-7).

Si una vida impía es tolerada en la iglesia (1 Co. 5:9-11).

Si la iglesia está muy lejos del patrón bíblico para la iglesia (2 Ts. 3:6,14).

Si la iglesia se caracteriza por la hipocresía, afirmando de labios para afuera el cristianismo bíblico pero rehusándose a reconocer su poder verdadero (2 Ti. 3:5).

Esta lista no tiene la intención de sugerir que estas son las únicas circunstancias bajo las cuales se permite a la gente dejar una iglesia. Ciertamente no tiene nada de malo cambiar la membrecía de uno solo porque otra iglesia ofrece mejor enseñanza o más oportunidades para el crecimiento y servicio. Pero aquellos que transfieren su membrecía por dichas razones, deben ser sumamente cuidadosos en no sembrar discordia o división en la iglesia que están dejando. Y estos cambios deben ser hechos rara vez. La membrecía en una iglesia es un compromiso que debe tomarse seriamente.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La Biblia como Instrumento Educador: Cultura y Mente Espiritual


"Con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable".

La fuerza para la mente y el alma, lo mismo que para el cuerpo, se adquiere por medio del esfuerzo. El desarrollo se obtiene por medio del ejercicio. De acuerdo con esta ley, Dios ha provisto en su Palabra los medios necesarios para el desarrollo mental y espiritual.

La Biblia contiene todos los principios que los hombres necesitan comprender, a fin de prepararse para esta vida o para la venidera. Estos principios pueden ser comprendidos por todos.

Nadie que tenga disposición para apreciar su enseñanza puede leer un solo pasaje de la Biblia sin obtener de él algún pensamiento útil. Pero la enseñanza más valiosa de la Biblia no se obtiene por medio de un estudio ocasional o aislado. Su gran sistema de verdad no se presenta de tal manera que pueda descubrirlo el lector apresurado o descuidado.
Muchos de sus tesoros están lejos de la superficie, y sólo pueden ser obtenidos por medio de una investigación diligente y de un esfuerzo continuo. Las verdades que forman el gran todo deben ser buscadas y reunidas "un poquito allí, otro poquito allá".*

Una vez buscadas y reunidas, corresponderán perfectamente unas a otras. Cada Evangelio es un complemento de los demás; cada profecía, una explicación 124 de la otra; cada verdad, el desarrollo de otra verdad. El Evangelio explica los símbolos del sistema judaico. Cada principió de la Palabra de Dios tiene su lugar; cada hecho, su relación. Y la estructura completa, tanto en su propósito como en su ejecución, da testimonio de su Autor. Sólo el Ser infinito pudo concebir y dar forma a esa estructura.

Al buscar las diferentes partes y al estudiar su relación, entran en actividad las facultades superiores de la mente humana. Nadie puede emprender ese estudio sin que se desarrolle su mente.

Y el valor intelectual del estudio de la Biblia no consiste solamente en investigar la verdad y descubrir su estructura íntima, sino también en el esfuerzo requerido para abarcar los temas presentados. La mente ocupada solamente con asuntos vulgares se empequeñece y debilita. Si nunca se empeña en comprender verdades grandes y de vasto alcance, después de un tiempo pierde la facultad de crecer.

Como salvaguardia contra esa degeneración, y como estimulo para el desarrollo, nada puede igualar al estudio de la Palabra de Dios. Cómo medio de educación intelectual, la Biblia es más eficaz que cualquier otro libro o que todos los demás libros juntos. La grandeza de sus temas, la elevada sencillez de sus expresiones, la belleza de sus figuras, avivan y elevan los pensamientos como ninguna otra cosa puede lograrlo.
Ningún otro estudio puede impartir poder mental como el que imparte el esfuerzo que se realiza para abarcar las estupendas verdades de la revelación. La mente que en esa forma se pone en contacto con los pensamientos del Ser infinito no puede sino desarrollarse y fortalecerse.

Mayor aún es el poder de la Biblia en el desarrollo de la naturaleza espiritual. El hombre, creado para vivir en comunión con Dios, puede encontrar su verdadera vida y su auténtico desarrollo únicamente en esa comunión. Creado para descubrir en Dios su mayor gozo, en ninguna otra cosa puede hallar lo que puede calmar los anhelos de su corazón, y satisfacer el hambre y la sed del alma.

Aquel que con espíritu dócil y sincero estudia la Palabra de Dios para comprender sus verdades, se pondrá en contacto con su Autor y, a menos que sea por propia decisión, no tienen límite las posibilidades de su desarrollo.
En su vasta gama de estilo y temas, la Biblia tiene algo para interesar a cada mente y atraer cada corazón. Sus páginas encierran historia antiquísima; biografías fieles a la vida; principios de gobierno para regir al estado y gobernar la casa, principios que la sabiduría humana nunca ha conseguido igualar. Contiene la más profunda filosofía, la poesía más dulce y sublime, apasionada y patética.

Los escritos de la Biblia, aún considerados de esta manera, son inconmensurablemente superiores en valor a las producciones de cualquier autor humano, pero considerados en su relación con su gran pensamiento central, son de alcance infinitamente más amplio, de valor infinitamente mayor.

Desde este punto de vista, cada tema adquiere nuevo significado. En las verdades más sencillamente enunciadas se encierran principios tan altos como el cielo, y que abarcan la eternidad.

El tema central de la Biblia, el tema alrededor del cual se agrupan todos los demás del Libro, es el plan de la redención, la restauración de la imagen de Dios en el alma humana. Desde la primera insinuación de esperanza que se hizo en la sentencia pronunciada en el Edén, hasta la gloriosa promesa del Apocalipsis: "Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes" *,el propósito de cada libro y pasaje de la Biblia es el desarrollo de este maravilloso tema: La elevación del hombre, el poder de Dios, "que 126 nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo".*

El que capta este pensamiento, tiene ante sí un campo infinito de estudio. Tiene la llave que le abrirá todo el tesoro de la Palabra de Dios.

La ciencia de la redención es la ciencia de las ciencias; la ciencia que constituye el motivo de estudio de los ángeles y todos los seres inteligentes de los mundos no caídos; la ciencia que ocupa la atención de nuestro Señor y Salvador; la ciencia que penetra en el propósito nacido en la mente del Ser Infinito, "que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos"*;

la ciencia que será el estudio de los redimidos de Dios durante los siglos sin fin. Es éste el estudio más elevado que puede emprender el hombre. Aviva la mente y eleva el alma como ningún otro estudio podría hacerlo.

"La sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores". "Las palabras que yo os he hablado -dijo Jesús- son espíritu y son vida". "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado".*
En la palabra de Dios está la energía creadora que llamó los mundos a la existencia. Esta palabra imparte poder; engendra vida. Cada orden es una promesa; aceptada por la voluntad, recibida en el alma, trae consigo la vida del Ser infinito. Transforma la naturaleza y vuelve a crear el alma a imagen de Dios.

De igual modo se sostiene la vida así impartida. El hombre vivirá de "toda palabra que sale de la boca de Dios".*

La mente, el alma, se edifica con lo que le sirve de alimento, y a nosotros nos toca determinar la clase de alimento que recibirá. Está al alcance de todos escoger los temas que han de ocupar los pensamientos y amoldar el carácter. Dios dice de cada ser humano privilegiado con el acceso a las Escrituras: "Le escribí las grandezas de mi ley". "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces".*

Con la Palabra de Dios en la mano, todo ser humano, cualquiera sea su suerte en la vida, puede gozar de la clase de comunión que escoja. Por medio de sus páginas puede relacionarse con lo mejor y lo más noble de la especie humana, y escuchar la voz del Eterno que habla con los hombres. Al estudiar y meditar en los temas que los ángeles "anhelan mirar"* puede gozar de su compañía.

Puede seguir las pisadas del Maestro celestial y escuchar sus palabras como cuando él las enseñaba en la montaña, la llanura y el mar. Puede morar en esta tierra en la atmósfera del cielo, e impartir a los afligidos y tentados de la tierra pensamientos de esperanza y anhelos de santidad; puede lograr que su comunión con el Invisible sea cada vez más íntima, como aquel que antaño anduvo con Dios, acercándose cada vez más al umbral del mundo eterno, hasta que los portales se abran y pueda entrar. Entonces no se sentirá allí como un extraño. Lo saludarán las voces de los santos que, invisibles, eran sus compañeros en la tierra, voces que él aprendió a distinguir y amar aquí. El que por medio de la Palabra de Dios ha vivido en comunión con, el cielo, se sentirá como en su casa en el ambiente celestial.

Me siento abandonado en esta prueba


Tienes problemas, entonces oras. Estás agotado, entonces clamas a Dios para que te alivie. Pero la respuesta que recibes es silencio – un silencio tan ensordecedor que ahoga todos tus pensamientos menos este: Dios no está escuchando.

¿Es ése tu testimonio? Si es así, quisiéramos ayudarte a conseguir una perspectiva bíblica proveyendo algunos principios en los que puedas reflexionar. Confiamos que estos pensamientos te traerán consuelo y esperanza.

Tu experiencia es común

¿Te sientes abandonado? Otros creyentes se han sentido igual. Lee los escritos de Oswald Chambers, Charles Spurgeon, y D. Martyn Lloyd-Jones, y descubrirás que ellos también conocían bien la agonía que tu experimentas.

Después de que C.S. Lewis perdió a su esposa al cáncer, él clamo a Dios para recibir consuelo pero no sintió alguna respuesta. Confundido, pregunto, “¿Qué puede decir esto? ¿Por qué es un presente comandante en nuestros tiempos de prosperidad y una ayuda muy ausente en nuestros tiempos de dificultad?”

Pero no necesitas una gran biblioteca para saber que tu experiencia es común. Solo busca en las páginas de tu Biblia, especialmente en los salmos, y leerás varios gritos de angustia para que Dios actúe:

• Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? (Salmo 6:2-3)

• ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades (Salmo 77:7-9)?

• Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto (Salmo 83:1).

Salmo 22:1 contiene tal vez el ejemplo más conocido, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” Jesús repitió ese salmo en la cruz: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Un pasaje clave en 1 Pedro te ayudará a apreciar que los tiempos de angustia son comunes y son para los hijos de Dios. Entre los ricos detalles de la gloriosa gracia de Dios, reside una afirmación que aquellos que regocijan en su salvación también experimentarán angustia dado a diferentes pruebas. Toma mucha atención al segundo párrafo:

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:3-7).

Toma consuelo sabiendo que tiempos difíciles – aún tiempos cuando sientes que Dios ha alejado Su presencia – son una parte esencial para tu experiencia espiritual. Dios no te ha abandonado, aunque sientes que sí. Otros creyentes han viajado ese camino oscuro en el cual estás con éxito y han completado su viaje.

Pedro reconoce que las pruebas producen dolor en los creyentes – y el dolor es una experiencia común. Él también habla sobre otros dos principios que te ayudarán a entender y pacientemente aguantar tu prueba:

Tu experiencia es temporánea

Sentirte agobiado por tus pruebas – como el sentir la ausencia de la presencia de Dios – abatirá a un creyente inmaduro si no tuviere un final. Entonces Pedro agrega que esta agonía es solamente por “un poco de tiempo”. Tu aflicción es temporánea. Dios no te dejará en tu agonía por siempre. Terminará – probablemente no tan pronto como quisieras – pero sí vendrá su fin. Una vez que la prueba ha servido su propósito, beneficiarás de los resultados y renovarás el gozo del abrazo de tu Padre celestial.

Tu experiencia tiene un propósito

Pedro anticipa la próxima pregunta, “¿Por qué un creyente tiene que pasar por pruebas que traen tanto dolor?” Él responde, “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (v. 7).

Como un hijo de Dios, tienes la promesa de Su presencia, aunque por ahorita te sientes solo y sin ayuda. Descansa en el conocimiento que Dios tu Padre tiene buenas razones por la cual estás en esta prueba. Él está comprometido a hacerte santo, aún si tiene que parar tu alegría por un corto tiempo.

Derivarás mucho beneficio de esta prueba, no ignorándolo ni desmayando bajo el cargo, pero entendiendo su propósito. Cuando reconoces que Dios está usando la prueba para hacerte consciente de Su gracia en tu vida y prepararte para gloria, alabanza y honor eternal, estarás equipado para aguantarlo aunque te agobie el alma.

Sufrir en silencio, también:
1. Te hará más obediente (Salmo 119:67).
2. Te ayudará a entender más la palabra de Dios (Salmo 119:71).
3. Aumentará tu compasión y eficacia en el ministerio (2 Corintios 1:3-4).
4. Te ayudara a apreciar a Dios aún más cuando te restaure (Job 42:7:17).

Permite que estos principios amolden tu perspectiva. Aprende a responder bíblicamente y no emocionalmente a tus propios problemas. Inclínate en el carácter revelado de Dios. Él está permitiendo que experimentes un dolor temporal que te proveerá un más grande beneficio de santidad aumentada y una garantía más profunda (cp. Romanos 8:18).

Decisiones, Decisiones: ¿Cómo puede un cristiano tomar decisiones que honren a Dios?


Tomar decisiones puede ser una tarea intimidante para cualquier persona, pero los cristianos tienen la ventaja única que son informadas por la Palabra de Dios. Para hacerlo, hay por lo menos tres factores para considerar.

Primero, debes obedecer la voluntad moral de Dios que es revelada en las Escritura. Si la Escritura prohíbe la acción en cuestión, tu decisión es fácil: no lo hagas.

Asimismo, si alguna de las opciones en tu decisión te causa a descuidar algo que Dios específicamente te manda que hagas, estas requerido a hacer la decisión que te ayudará a cumplir tu obligación bíblica. Por ejemplo, si Dios requiere que tengamos una parte activa en nuestra iglesia local – Hebreos 10:25 indica que sí lo requiere – cualquier decisión que te prohíbe de hacer eso está en contra de la revelada voluntad de Dios. Para poder detener la voluntad moral de Dios cuando hagas decisiones, pregúntate, “¿Qué es lo que la Palabra de Dios dice acerca de esto?” Si dice algo, obedécelo (1 Juan 5:3). Si no dice nada, tienes libertad y no tienes que temer que estas en contra de la voluntad de Dios o en pecado contra Él (Romanos 14:2-6, 22).

Segundo, tomar buenas decisiones requiere que ejercites sabiduría bíblica. Esta sabiduría viene por medio de estudiar la Palabra de Dios diligentemente, con la generosa provisión de Dios. Santiago anima a aquellos faltos de sabiduría, “pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Para poder tomar decisiones sabias, necesitas conseguir la información necesaria, cuidadosamente considerar todas las opciones, buscar consejo bíblico, y después escoger la opción que es más sensible (Proverbios 2:1-11).

Finalmente, necesitas considerar tu propio deseo. Si la Biblia se queda en silencio referente a tu decisión, y si una de tus decisiones no es claramente más sabia que la otra, entonces haz lo que quieras. Tienes la libertad para hacerlo, y Dios obra Su plan soberanamente por medio de tus deseos (Salmo 37:4; Filipenses 2:13).

El proceso de arriba presupone que tú estás sometido a Cristo y lleno de Su espíritu. De lo contrario no podrás hacer decisiones bíblicas, porque el pecado ciega tu habilidad de poder entender y aplicar la Palabra de Dios en tu vida. Sin embargo, si tienes una relación vital con el Señor Jesucristo y estás caminando en el Espíritu – en vez de tu carne – eres libre de tomar tus decisiones siempre y cuando no violen la voluntad moral de Dios revelada.

No debes estar preocupado que tus decisiones te descarrilarán de la voluntad soberana de Dios para tu vida, porque Él rutinariamente obra por medio de tus decisiones para cumplir Sus propósitos.

lunes, 2 de agosto de 2010

CRISTO Y LA LEY: 2) de 7 LA PERFECTA LEY


LA LEY de Dios, tal como se presenta en las Escrituras, es amplia en sus requerimientos. Cada principio es santo, justo y bueno. La ley impone a los hombres obligaciones frente a Dios. Alcanza hasta los pensamientos y sentimientos, y producirá una convicción de pecado en todo el que esté persuadido de haber transgredido sus requerimientos.

Si la ley abarcara sólo la conducta externa, los hombres no serían culpables de sus pensamientos, deseos y designios erróneos. Pero la ley requiere que el alma misma sea pura y la mente santa, que los pensamientos y sentimientos estén de acuerdo con la norma de amor y justicia.

En sus enseñanzas, Cristo mostró cuán abarcantes son los principios de la ley pronunciados desde el Sinaí. Hizo una aplicación viviente de aquella ley cuyos principios permanecen para siempre como la gran norma de justicia: la norma por la cual serán juzgados todos en aquel gran día, cuando el juez se siente y se abran los libros.

El vino para cumplir toda justicia y, como cabeza de la humanidad, para mostrarle al hombre que puede hacer la misma obra, haciendo frente a cada especificación de los requerimientos de Dios.

Mediante la medida de su gracia proporcionada al instrumento humano, nadie debe perder el cielo. Todo el que se esfuerza, puede alcanzar la perfección del carácter. Esto se convierte en el fundamento mismo del nuevo pacto del Evangelio. La ley de Jehová es el árbol. El Evangelio está constituido por las fragantes flores y los frutos que lleva.

Cuando el Espíritu de Dios le revela al hombre todo el significado de la ley, se efectúa un cambio en el corazón. La fiel descripción de su verdadero estado, hecha por el profeta Natán, movió a David a comprender sus pecados y lo ayudó a desprenderse de ellos. Aceptó mansamente el consejo y se humilló delante de Dios. "La ley de Jehová ­dijo él­ es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.

¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío" ( Sal. 19: 7- 14).

El juicio de Pablo acerca de la ley

El testimonio de Pablo es: "¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado [el pecado está en el hombre, no en la ley]? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató" (Rom. 7: 7- 11).

El pecado no mató a la ley, sino que mató la mente carnal en Pablo. "Ahora estamos libres de la ley ­declara él­, por haber muerto para aquélla en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra" (Rom. 7: 6). "¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso" (Rom. 7: 13). "De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Rom. 7: 12). Pablo llama la atención de sus oyentes a la ley quebrantada y les muestra en qué son culpables. Los instruye como un maestro instruye a sus alumnos, y les muestra el camino de retorno a su lealtad a Dios.

En la transgresión de la ley, no hay seguridad ni reposo ni justificación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo, mientras continúe en pecado. Debe cesar de transgredir y llegar a ser leal y fiel. Cuando el pecador examina el gran espejo moral, ve sus defectos de carácter. Se ve a sí mismo tal como es, manchado, contaminado y condenado. Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo.

Debe contemplar a su Salvador que lleva los pecados. Y cuando Cristo se le revela en la cruz del Calvario, muriendo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo le muestra la actitud de Dios hacia todos los que se arrepienten de sus transgresiones. 251"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 16).

Individualmente, necesitamos prestar atención a un "Así dice Jehová", como nunca lo hemos hecho antes. Hay hombres que son desleales a Dios, que profanan su santo día de reposo, que quieren hallar dificultades en las declaraciones más sencillas de la Palabra, que pervierten el verdadero significado de las Escrituras y que, al mismo tiempo, hacen esfuerzos desesperados para armonizar su desobediencia con las Escrituras. Pero la Palabra condena tales prácticas, así como condenó a los escribas y fariseos en los días de Cristo. Necesitamos saber qué es verdad .

¿Lo haremos como lo hicieron los fariseos? ¿Nos apartaremos del más grande Maestro que el mundo jamás haya conocido, para volvernos a las tradiciones, máximas y dichos de los hombres?
Resultados de la transgresión de la ley

Hay muchas creencias que la mente no tiene derecho de albergar. Adán creyó la mentira de Satanás, las astutas insinuaciones contra el carácter de Dios. "Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gén. 2: 16, 17).

Cuando Satanás tentó a Eva, le dijo: "¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos. y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (Gén. 3: 1- 5).

El conocimiento de la culpa era el que Dios no quería 252 que tuvieran nuestros padres. Y cuando ellos aceptaron los asertos de Satanás, que eran falsos, se introdujeron en nuestro mundo la desobediencia y la transgresión. Esta desobediencia a la orden expresa de Dios, y este creer la mentira de Satanás, abrieron las compuertas a las aflicciones en el mundo.

Satanás ha continuado la obra comenzada en el jardín del Edén. Ha trabajado vigilantemente para que el hombre acepte sus asertos como una prueba contra Dios. Ha trabajado contra Cristo contrariando los esfuerzos que Jesús hace para restaurar la imagen de Dios en el hombre e imprimir en su alma la similitud de Dios.

La creencia en una falsedad no convirtió a Pablo en un hombre bondadoso, tierno y compasivo. Era un fanático religioso, grandemente airado contra la verdad concerniente a Jesús. Recorría el país prendiendo a hombres y mujeres y llevándolos a la prisión. Hablando de esto, dice, "Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros. Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres" (Hech. 22: 3, 4).

La familia humana está en dificultad debido a su transgresión de la ley del Padre. Pero Dios no deja al pecador hasta que le muestra el remedio para el mal. El unigénito Hijo de Dios ha muerto para que podamos vivir. El Señor ha aceptado este sacrificio en nuestro favor, como nuestro sustituto y garantía, bajo la condición de que recibamos a Cristo y creamos en él. El pecador debe ir a Cristo con fe, aferrarse de sus méritos, poner sus pecados sobre Aquel que los lleva y recibir su perdón. Debido a esto vino Cristo al mundo. Así se imputa la justicia de Cristo al pecador arrepentido que cree. Llega a ser miembro de la familia real, hijo del Rey celestial, heredero de Dios y coheredero con Cristo.

COMO LLEGAR A SER UN CRISTIANO NACIDO DE NUEVO 2

Qué es el arrepentimiento

Aunque como pecadores estamos bajo la condenación de la ley, sin embargo Cristo, mediante la obediencia que prestó a la ley, demanda para el alma arrepentida los méritos de su propia justicia. A fin de obtener la justicia de Cristo, es necesario que el pecador sepa lo que es ese arrepentimiento que efectúa un cambio radical en la mente, en el espíritu y en la acción.

la obra de la transformación debe comenzar en el corazón y manifestar su poder mediante cada facultad del ser. Sin embargo, el hombre no es capaz de originar un arrepentimiento tal como éste, y sólo puede experimentarlo mediante Cristo, que ascendió a lo alto, llevó cautiva a la cautividad y dio dones a los hombres.

¿Quién necesita arrepentirse?

Quien desea llegar al verdadero arrepentimiento ¿qué debe hacer? Debe ir a Jesús, tal como es, sin demora. Debe creer que la palabra de Cristo es verdadera y, creyendo en la promesa, pedir para que reciba. Cuando un sincero deseo mueve a los hombres a orar, no orarán en vano. El Señor cumplirá su palabra, y dará el Espíritu Santo para inducir al arrepentimiento con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo.

El pecador orará, velará y se apartará de sus pecados, haciendo manifiesta su sinceridad por el vigor de su esfuerzo para obedecer los mandamientos de Dios. Mezclará fe con la oración, y no sólo creerá en los preceptos de la ley sino que 25 los obedecerá. Se declarará del lado de Cristo en esta controversia. Renunciará a todos los hábitos y compañías que tiendan a desviar e Dios el corazón.

El que quiera llegar a ser hijo de Dios, debe recibir la verdad que enseña que el arrepentimiento y el perdón han de obtenerse nada menos que mediante la expiación de Cristo. Asegurado de esto, el pecador debe realizar un esfuerzo en armonía con la obra hecha para él y con una súplica incansable, debe acudir al trono de gracia para que el poder renovador de Dios llegue hasta su alma.

Cristo únicamente perdona al arrepentido, pero primero hace que se arrepienta aquel a quien perdona. La provisión hecha es completa y la justicia eterna de Cristo es acreditada a cada alma creyente. El manto costoso e inmaculado, tejido en el telar del cielo, ha sido provisto para el pecador arrepentido y creyente, y él puede decir: "En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia" (Isa. 61: 10).

Maravillosa gracia

Se ha dispuesto gracia abundante para que el alma creyente pueda ser preservada del pecado, pues todo el cielo, con sus recursos ilimitados, ha sido colocado a nuestra disposición. Hemos de extraer de la fuente de salvación. Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree. Somos pecadores por nosotros mismos, pero somos justos en Cristo. Habiéndonos hecho justos por medio de la justicia imputada de Cristo, Dios nos declara justos y nos trata como a tales.

Nos contempla como a sus hijos amados. Cristo obra contra el poder del pecado, y donde abundó el pecado sobreabunda la gracia. "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con "Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios" (Rom. 5: 1, 2).

"Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar 26 su justicia a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús" (Rom. 3: 24-26). "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efe. 2: 8). [Se cita Juan 1: 14-16.]

Aptos para la salvación

El Señor quiere que los suyos sean sanos en la fe: que no ignoren la gran salvación que les es tan abundantemente ofrecida. No han de mirar hacia adelante pensando que en algún tiempo futuro se hará una gran obra a su favor, pues ahora es completa la obra. No se pide que el creyente haga paz con Dios por sí solo.

Nunca lo ha hecho ni jamás podrá hacerlo. Ha de aceptar a Cristo como su paz, pues con Cristo están Dios y la paz. Cristo dio fin al pecado llevando su pesada maldición en su propio cuerpo en el madero, y ha quitado la maldición de todos los que creen en él como en un Salvador personal. Pone fin al poder dominante del pecado en el corazón, y la vida y el carácter del creyente testifican de la naturaleza genuina de la gracia de Cristo.

A los que le piden, Jesús les imparte el Espíritu Santo, pues es necesario que cada creyente sea liberado de la corrupción, así como de la maldición y condenación de la ley. Mediante la obra del Espíritu Santo, la santificación de la verdad, el creyente llega a ser idóneo para los atrios del cielo, pues Cristo actúa dentro de él y la justicia de Cristo está sobre él. Sin esto, ningún alma tendrá derecho al cielo. No disfrutaríamos del cielo a menos que estuviéramos calificados para su santa atmósfera por la influencia del Espíritu y de la justicia de Cristo.

A fin de ser candidatos para el cielo, debemos hacer frente a los requerimientos de la ley: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo" (Luc. 10: 27).

Sólo podemos hacer esto al aferrarnos por fe de la justicia de Cristo. Contemplando a Jesús recibimos en el corazón un principio viviente y que se expande; el Espíritu Santo lleva a cabo la obra y el creyente progresa 27 de gracia en gracia, de fortaleza en fortaleza, de carácter en carácter. Se amolda a la imagen de Cristo hasta que en crecimiento espiritual alcanza la medida de la estatura plena de Cristo Jesús. Así Cristo pone fin a la maldición del pecado y libera al alma creyente de su acción y efecto.

¿Hay algo entre Dios y yo?

Sólo Cristo puede hacer esto, pues "debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del mundo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Heb. 2: 17, 18). la reconciliación significa que desaparece toda barrera entre el alma y Dios, y que el pecador comprende lo que significa el amor perdonador de Dios.

Debido al sacrificio hecho por Cristo para los hombres caídos, Dios puede perdonar en justicia al transgresor que acepta los méritos de Cristo. Cristo fue el canal por cuyo medio pudieron fluir la misericordia, el amor y la justicia del corazón de Dios al corazón del pecador. "El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1: 9)...

Toda alma puede decir: "Mediante su perfecta obediencia, Cristo ha satisfecho las demandas de la ley, y mi única esperanza radica en acudir a él como mi sustituto y garantía, el que obedeció la ley perfectamente por mí. Por fe en sus méritos, estoy libre de la condenación de la ley.

Me reviste con su justicia, que responde a todas las demandas de la ley. Estoy completo en Aquel que produce la justicia eterna. El me presenta a Dios con la vestimenta inmaculada en la cual no hay una hebra que fue entretejida por instrumento humano alguno. Todo es de Cristo y toda la gloria, el honor y la majestad han de darse al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo".

Muchos piensan que deben esperar un impulso especial a fin de que puedan ir a Cristo; pero sólo es necesario acudir con sinceridad de propósito, decidiendo aceptar los ofrecimientos de misericordia y gracia que nos han sido extendidos. 28 Hemos de decir: "Cristo murió para salvarme.

El deseo del Señor es que sea salvado, e iré a Jesús sin demora, tal como soy. Me aventuraré a aceptar su promesa. Cuando Cristo me atraiga, responderé". El apóstol dice: "Con el corazón se cree para justicia" (Rom. 10: 10). Nadie puede creer con el corazón para justicia y obtener así la justificación por la fe mientras continúe en la práctica de aquellas cosas que prohíbe la Palabra de Dios, o mientras descuide cualquier deber conocido.

Las buenas obras como fruto de la fe

La fe genuina se manifestará en buenas obras, pues las buenas obras son frutos de la fe. Cuando Dios actúa en el corazón y el hombre entrega su voluntad a Dios y coopera con él, efectúa en la vida lo que Dios pone allí mediante el Espíritu Santo, y hay armonía entre el propósito del corazón y la práctica de la vida.

Debe renunciarse a cada pecado como a lo aborrecible que crucificó al Señor de la vida y de la gloria, y el creyente debe tener una experiencia progresiva al hacer continuamente las obras de Cristo. La bendición de la justificación se retiene mediante la entrega continua de la voluntad y la obediencia constante.

Los que son justificados por la fe deben tener un corazón que se mantenga en la senda del Señor. Una evidencia de que el hombre no está justificado por la fe es que sus obras no corresponden con su profesión. Santiago dice: "¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Sant. 2: 22).

La fe que no produce buenas obras no justifica al alma. "Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (Sant. 2: 24). "Creyó Abrahán a Dios, y le fue contado por justicia" (Rom. 4: 3)...

En sus pasos

Donde está la fe, aparecen las buenas obras. Los enfermos son visitados, se cuida de los pobres, no se descuida a los huérfanos ni a las viudas, se viste a los desnudos, se alimenta a los desheredados. Cristo anduvo haciendo bienes, y cuando los hombres se unen con él, aman a los hijos de Dios, y la humildad y la verdad guían sus pasos. La expresión del rostro revela su experiencia y los hombres advierten que han estado con Jesús y que han aprendido de él. Cristo y el creyente se hacen uno, y la belleza del carácter de Cristo se revela en los que están vitalmente relacionados con la Fuente de poder y de amor. Cristo es el gran depositario de la rectitud que justifica y de la gracia santificante.

Todos pueden acudir a él y recibir su plenitud. El dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mat. 11: 28). Luego, ¿por qué no desechar toda incredulidad y escuchar las palabras de Jesús? Necesitáis descanso, anheláis paz. Por lo tanto, decid desde el corazón: "Señor Jesús, vengo, porque tú me has hecho esta invitación".

Creed en él con fe firme, y seréis salvos. ¿Habéis estado mirando a Jesús, que es el autor y consumador de vuestra fe? ¿Habéis estado contemplando a Aquel que está lleno de verdad y de gracia? ¿Habéis aceptado la paz que sólo Cristo puede dar? Si no lo habéis hechos entonces rendíos a él y mediante su gracia procurad tener un carácter que sea noble y elevado. Id en pos de un espíritu constante, resuelto y alegre. Alimentaos de Cristo, que es el pan de vida, y manifestaréis su gracia de carácter y de espíritu.*