lunes, 4 de octubre de 2010

"Casi Me Persuades a ser Cristiano". El caso del Rey Agripa


PABLO había apelado a César, y Festo no podía hacer otra cosa que enviarlo a Roma.  Pero pasó un tiempo antes que se pudiese encontrar un barco conveniente; y como había otros presos para enviar con Pablo, la consideración de sus casos también ocasionó atraso.  Esto dio a Pablo la oportunidad de exponer las razones de su fe ante los principales hombres de Cesarea, y también al rey Agripa II, el último de los Herodes.

"Y pasados algunos días, el rey Agripa y Bernice vinieron a Cesarea a saludar a Festo.  Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, sobre el cual, cuando fuí a Jerusalem, vinieron a mí los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos, pidiendo condenación contra él."  Esbozó las circunstancias que indujeron al preso a apelar a César, describió el reciente juicio realizado ante él, y dijo que los judíos no habían presentado contra Pablo ninguna acusación de las que él había pensado que levantarían, sino "ciertas cuestiones acerca de su superstición, y de un cierto Jesús, difunto, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo."

Cuando Festo relató su historia, Agripa se interesó y dijo: "Yo también quisiera oír a ese hombre."  De acuerdo con su deseo, se arregló una entrevista para el día siguiente.  "Y al otro día, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fue traído Pablo."

En honor de sus visitantes, Festo había tratado de hacer imponente esta ocasión.  Los ricos mantos del procurador y sus invitados, las espadas de sus soldados, y la resplandeciente armadura de sus comandantes, contribuían a dar relumbre a la escena. 

Y ahora Pablo, maniatado todavía, estaba ante la compañía reunida.  ¡Qué contraste se presentaba allí! Agripa y Bernice poseían poder y jerarquía, y por eso eran favorecidos por el mundo.  Pero estaban desprovistos de los rasgos de carácter que Dios estima.  Eran transgresores de su ley, corrompidos de corazón y vida.  Su conducta era aborrecida por el Cielo.

El anciano preso, encadenado a los soldados que le servían de guardia, no tenía en su apariencia nada que indujera al mundo a rendirle homenaje. Sin embargo, en ese hombre aparentemente sin amigos ni riquezas ni elevada posición, y mantenido preso a causa de su fe en el Hijo de Dios, todo el cielo estaba interesado. 

Los ángeles eran sus asistentes.  Si se hubiese manifestado la gloria propia de uno solo de estos resplandecientes mensajeros, la pompa y orgullo de la realeza habrían palidecido; el rey y sus cortesanos habrían sido postrados en tierra, como sucedió a los de la guardia romana que vigilaban el sepulcro de Cristo.

Festo mismo presentó a Pablo ante la asamblea con las palabras: "Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros: veis a éste, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem y aquí, dando voces que no conviene que viva más; mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando a Augusto, he determinado enviarle: del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor; por lo que le he sacado a vosotros, y mayormente a ti, oh rey Agripa, para que hecha información, tenga yo qué escribir.  Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar de las causas."

El rey Agripa le permitió ahora a Pablo hablar en su defensa.  El apóstol no se desconcertó por la brillante pompa, ni por la alta jerarquía de su auditorio; porque sabía de cuán poco valor son las riquezas y la posición mundanales.  Las pompas terrenales y el poder ni por un momento intimidaron su valor o le despojaron de su dominio propio.

"Oh rey Agripa, me tengo por dichoso ­ declaró él ­ de que haya hoy de defenderme delante de ti; mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los Judíos:  por lo cual te ruego que me oigas con paciencia."

Pablo relató la historia de su conversión desde su empecinado descreimiento hasta que aceptó la fe en Jesús de Nazaret como el Redentor del mundo.  Describió la visión celestial que al principio le había llenado de indescriptible terror, pero que después resultó ser una fuente del mayor consuelo:  una revelación de la gloria divina, en medio de la cual estaba entronizado Aquel a quien él había despreciado y aborrecido, cuyos seguidores estaba tratando de destruir.

Desde aquella hora Pablo había sido un nuevo hombre, un sincero y ferviente creyente en Jesús, gracias a la misericordia transformadora.

Con claridad y poder Pablo repasó ante Agripa los principales acontecimientos relacionados con la vida de Cristo en la tierra. Testificó que el Mesías de las profecías ya había aparecido en la persona de Jesús de Nazaret.  Mostró cómo las Escrituras del Antiguo Testamento habían declarado que el Mesías debía aparecer como un hombre entre los hombres; y cómo en la vida de Jesús se habían cumplido todas las especificaciones dadas por Moisés y los profetas. A fin de redimir un mundo perdido, el divino Hijo de Dios había sufrido la cruz, menospreciando la vergüenza, y había ascendido a los cielos triunfante de la muerte y el sepulcro.

¿Por qué, razonó Pablo, habría de parecer increíble que Cristo hubiese resucitado de los muertos? Una vez le había parecido así a él mismo; pero, ¿cómo podía dejar de creer lo que él mismo había visto y oído? Cerca de las puertas de Damasco había de veras contemplado al Cristo crucificado y resucitado, el mismo que había caminado por las calles de Jerusalén, muerto en el Calvario, roto las ligaduras de la muerte y ascendido al cielo. 

Lo había visto y había conversado con él, tan ciertamente como Cefas, Santiago, Juan o cualquier otro de los discípulos.  La Voz le había mandado proclamar el Evangelio de un Salvador resucitado y, ¿cómo podía desobedecer?

En Damasco, en Jerusalén, por toda Judea, en las regiones más lejanas, había dado testimonio de Jesús el Crucificado, exhortando a todos a "que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento."

"Por causa de esto ­ declaró el apóstol, ­ los Judíos, tomándome en el templo tentaron matarme.  Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir:  que Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los Gentiles."

Todos habían escuchado extasiados el relato que hiciera Pablo de las cosas maravillosas que había experimentado.  El apóstol se estaba espaciando en su tema favorito.  Ninguno de los que le oían podía dudar de su sinceridad.  Pero en medio de su persuasiva elocuencia fue interrumpido por Festo, que gritó: "Estás loco, Pablo: las muchas letras te vuelven loco."

El apóstol replicó: "No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de templanza.  Pues el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo confiadamente.  Pues no pienso que ignora nada de esto; pues no ha sido esto hecho en algún RINCON." Entonces, dirigiéndose a Agripa, le preguntó directamente: "¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees."

Profundamente afectado, Agripa perdió por un momento de vista todo lo que le rodeaba y la dignidad de su posición.  Consciente sólo de las verdades que había oído, viendo al humilde preso de pie ante él como embajador de Dios, contestó involuntariamente: "Por poco me persuades a ser Cristiano."

Fervientemente el apóstol respondió: "¡Pluguiese a Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, mas también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy ­ y añadió mientras levantaba sus manos encadenadas, ­ excepto estas prisiones !"

Festo, Agripa y Bernice podían con justicia cargar las cadenas que llevaba el apóstol. Todos eran culpables de graves crímenes.  Esos culpables habían oído ese día el ofrecimiento de la salvación por medio del nombre de Cristo.  Uno, por lo menos, casi había sido persuadido a aceptar la gracia y el perdón ofrecidos.  Pero Agripa, poniendo a un lado la misericordia ofrecida, rehusó aceptar la cruz de un Redentor crucificado.

La curiosidad del rey estaba satisfecha, y levantándose de su asiento, indicó que la entrevista había terminado.  Cuando la asamblea se dispersó, hablaron ellos entre sí diciendo: "Ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisión, hace este hombre."

Aunque Agripa era judío, no sentía el celo fanático ni el prejuicio de los fariseos. "Podía este hombre ser suelto ­ dijo a Festo ­ si no hubiera apelado a César."  Pero como el caso había sido remitido al tribunal superior, estaba fuera de la jurisdicción de Festo o de Agripa.

Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

domingo, 3 de octubre de 2010

p2 ¿QUE OCURRE CON LA PREDICACION EN LAS IGLESIAS EVANGELICAS?


Reavivamiento de las antiguas verdades Biblicas.

Hay una obra de sagrada importancia que deben hacer los ministros y los hermanos. Han de estudiar la historia de la causa y del pueblo de Dios. No han de olvidar la forma en que en lo pasado Dios trató a su pueblo. Han de revivir y relatar las verdades que han llegado a parecer de poco valor para los que no conocen por experiencia personal el poder y el brillo que las acompañaron cuando por primera vez fueron vistas y entendidas. Han de darse al mundo esas verdades en toda su frescura y poder originales.

No se ocupen de especulaciones fantásticas. Nuestra única seguridad es la Palabra escrita. Debemos orar como lo hizo Daniel para que seamos protegidos por las inteligencias celestiales.

Sermones argumentativos

Los muchos sermones argumentativos rara vez enternecen y subyugan el alma... Cada mensajero de la verdad debiera tener la preocupación de hacer resaltar la plenitud de Cristo. Cuando no se presenta el don gratuito de la justicia de Cristo, los discursos son secos y faltos de espíritu; no se alimentan las ovejas y corderos. Dijo Pablo: "Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder" (1 Cor. 2: 4). Hay médula y grosura en el Evangelio. Jesús es el centro viviente de todo. Ponga a Cristo en cada sermón. Sean tratadas la preciosa misericordia y la gloria de Jesucristo, porque el Cristo interior es la esperanza de gloria.

Preséntese la verdad con humildad

Sean mensajeros fieles. No estén ansiosos por oír y aceptar nuevas teorías, pues con frecuencia ellas son de tal naturaleza que no deberían ser nunca presentadas delante de ninguna congregación. No hablén palabras jactanciosas que exalten al yo. Brote la Palabra de Dios de labios que están santificados por la verdad. Cada ministro debe predicar la verdad como es en Jesús. Debiera estar seguro de lo que afirma y debiera manejar la Palabra de Dios bajo la dirección del Espíritu de Dios. Mis hermanos, caminen y trabaj en cuidadosamente delante de Dios para que ninguna alma sea inducida al engaño por vuestro ejemplo. Mejor os hubiera sido no haber nacido nunca que descarriar a una sola alma.

Los que profesan ser siervos de Dios necesitan obrar diligentemente para obtener de aquella vida donde no pueden entrar el pecado, la enfermedad y el dolor. Deben instar a tiempo y fuera de tiempo. Dios necesita reformadores que pronuncien mensajes vigorosos y elevadores desde nuestros púlpitos. Cuando los hombres presentan sus propias palabras en su propia fuerza, en vez de predicar la Palabra de Dios con el poder del Espíritu, quedan dolidos y ofendidos cuando sus palabras no son recibidas con entusiasmo.

Es entonces cuando son tentados a pronunciar palabras que despertarán un espíritu de amargura y oposición en sus oyentes. Mis hermanos, sed prudentes. Tales palabras no han de salir de los labios de los embajadores de Cristo. Los labios santificados hablarán palabras que reformen pero que no exasperen. La verdad se ha de presentar en la mansedumbre y el amor de Cristo .

Un artificio del enemigo

Hemos de orar en procura de instrucción divina, pero al mismo tiempo debiéramos ser cuidadosos en cuanto a la forma de recibir todo lo que es llamado nueva luz. Debemos estar alerta, no sea que bajo la apariencia de escudriñar en procura de nueva luz, Satanás aparte nuestra mente de Cristo y de las verdades especiales para este tiempo.

He percibido que el artificio del enemigo es orientar las mentes para que se ocupen de algún punto oscuro o sin importancia, algo que no está plenamente revelado o que no es esencial para nuestra salvación. Esto se convierte en el tema absorbente, la "verdad presente", cuando todas sus investigaciones y suposiciones tan sólo sirven para oscurecer las cosas más que antes y para confundir la mente de algunos que debieran estar procurando la unidad por medio de la santificación de la verdad.

Suposiciones y conjeturas humanas

Nadie presente bellas sofisterías científicas para adormecer al pueblo de Dios. No revistáis la solemne y sagrada verdad para este tiempo con una vestimenta fantástica de sabiduría humana. Los que han estado haciendo esto, deténganse y clamen a Dios para salvar sus almas de las fábulas engañosas.

La energía viviente del Espíritu Santo es la que conmoverá los corazones, no las teorías agradables y engañosas. Las afirmaciones fantásticas no son el pan de vida. No pueden salvar al alma del pecado. Cristo fue enviado del cielo para redimir a la humanidad. Enseñó las doctrinas que Dios le dio para enseñar. Las verdades que proclamó, como se encuentran en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, debemos proclamarlas hoy como el mensaje del Dios viviente.

Los que desean el pan de vida, vayan a las Escrituras no a las enseñanzas de hombres finitos y falibles. Dad a la gente el pan de vida que Cristo vino a traernos del cielo. No mezcléis con vuestras enseñanzas suposiciones humanas y conjeturas. Ojalá todos supieran cuánto necesitan comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios: hacer de sus palabras una parte de sus vidas.


Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

sábado, 2 de octubre de 2010

P6 LA HISTORIA ROMANA EN LOS DIAS DEL NUEVO TESTAMENTO


VI.  Nerón (54-68 d. C.)

La familia del nuevo emperador desde hacía mucho tiempo había tenido importancia en el ambiente de Roma; unos doscientos años antes se habían elevado de la clase plebeya.  Ese clan había producido dos cónsules, un pontífice máximo y varios generales.  El padre de Nerón había sido acusado de muchos crímenes: incesto, adulterio, asesinato y traición.  Se casó con Agripina, hermana de Calígula, y el hijo de ambos, Lucio Domicio, fue el Nerón de la historia.  El padre murió cuando Nerón sólo tenía tres años de edad; su madre fue desterrada, y una tía fue su tutora.  Calígula se apropió del patrimonio del niño, pero Claudio más tarde se lo restituyó.

La educación del muchacho había incluido muchas cosas perjudiciales.  Conocía buenas maneras, la etiqueta de la corte, sus derechos y prerrogativas, pero estaba demasiado versado en los vicios y en las corrupciones de sus días.  Su desventura fue la de muchos jóvenes romanos de buena cuna: su instrucción había estado en manos de sirvientes poco supervisados. Una excepción a esto fue que tuvo a Séneca como su tutor.  Este tutor, hermano del Galión que fue procónsul de Acaya cuando Pablo estaba en Corinto (Hech. 18:12), nació en una familia de maestros, y llegó a ser filósofo y versado en los asuntos materiales.  Sabía cómo retener amigos influyentes y cómo beneficiarse mediante su amistad. 

Sus principios eran buenos, propios del estoicismo que profesaba.  Sabía cómo vivir sin corromperse en una época y un ambiente perversos.  Es evidente que tuvo una buena influencia sobre Nerón, la que se extendió durante los primeros años del nuevo reinado.  También es obvio que su influencia no fue ni lo bastante buena ni lo suficientemente decisiva.  Las malas características inherentes del joven, los mismos de que había sido objeto y la corrupción que lo rodeaba, pudieron más que la capacidad de Séneca o quizá que su voluntad para vencer.

Otro de los primeros favoritos de Nerón fue Burro, prefecto de los pretorianos, de larga experiencia en la corte.  Era un hombre de sagacidad innata, disciplinado y de una sensibilidad moral sorprendente para una persona de su posición.

Nerón padecía de obsesiones.  Temía a su madre.  Temía a Británico, el hijo de Claudio, a quien Agripina había logrado desplazar para promover a su propio hijo.  Pero cuando Nerón fue presentado por Burro ante los pretorianos como el idóneo sucesor de Claudio, lo aclamaron.  Ya no hubo ningún poder que pudiera disputarle 84 esa aprobación, mucho menos al negligente senado. Nerón tenía unos 17 años de edad cuando fue hecho emperador.

Agripa sumió entonces el papel de emperatriz, en lo cual cooperó con Nerón. Se hacia llevar en la tierra imperial junto con su hijo, daba consejos y recibía embajadas. Disponía de envenenadores para eliminar a las personas que parecían ser obstáculos en su camino. Procuraba dominar completamente a su hijo, el joven emperador. Para contrarrestar ese dominio materno, Séneca y Burro convinieron en mantener su influencia sometiéndose a la voluntad de Nerón.  Pensaron que la forma más efectiva de influir en Nerón era someterse a los caprichos del soberano. De ese modo, Nerón fue envileciéndose gradualmente desde sus primeros años de gobierno.

Muchos de los actos del joven emperador fueron deliberadamente malos. Hizo envenenar a Británico. Por una concubina abandonó a su esposa a su esposa Octavia, a quien Agripina tomó entonces bajo su protección. Eliminó a Palas , liberto que había sido ministro de Claudio y protegido de Agripina. Halagado por los aplausos de la multitud, se exhibía despreocupadamente en el circo y en el teatro, y hasta participaba en pequeños robos callejeros y peleas las que se disfrazaba, pero no suficientemente. Lo mejor que se puede decir de Nerón es que dejaba los asuntos de gobierno a sus ministros. Séneca y Burro mantenían siempre bien informado al senado de todo lo relacionado con el gobierno y de ese modo se protegían de la ira de la madre de Nerón.

 Nerón actuaba públicamente como juez, y realmente procuraba ser justo en su fallos. No tomaba en cuenta las burlas que el populacho insolente con frecuencia había dirigido contra el trono. Por todas estas razones, sus primeros años parecieron  tolerables, especialmente si se compara con la última parte de su reinado.

En el año 58 d. C. precenció un cambio para mal en la vida del emperador. Lo primero que sucedió en este segundo periodo fue su enamoramiento de Popea, la disoluta esposa de Otón, favorito de la corte del emperador. Cuando pareció que Otón se opondría a las familiaridades de Nerón con su esposa, le fue dado un cargo en Lusitania (moderno Portugal), para que no interfiriera en esas relaciones. El siguiente hecho, y que sin duda resulto de la mala influencia de Popea, fue el asesinato de Agripina, la madre de Nerón.

El emperador temió las consecuencias de ese terrible acto, pero cuando entró de nuevo a Roma después de la muerte de su madre, fue recibido con más exorbitante adulación que le prodigaron tanto los senadores como el pueblo. Desde ese momento, el emperador se volvió sumamente egocéntrico, pero al mismo tiempo era débil y vacilante, supersticioso y cobarde, desenfrenado y lascivo, y de un temperamento peligroso para todos los que lo rodeaban. Se entregaba cada vez más a las disipaciones más públicas y corruptas. Inducía a esos desenfrenos tanto a nobles como plebeyos mediante cenas públicas en la que se practicaban y se estimulaba una inmoralidad descarada. Parecía que el mismo populacho estaba siendo inducido a una completa corrupción.

Burro y Séneca continuaron desempeñándose como ministros de Nerón, pero su influencia iba declinando. Hombres perversos, Tigelino y Rufo, iban ganando influencia. Burro murió en el año 62 d. C., quizá envenenado. Séneca procuró fructuosamente retirarse a la vida privada . Nerón repudió públicamente a Octavia, después la hizo matar en muy forma muy cruel, y se casó con Popea. Entonces, como la tesorería estaba vacía debido al libertinaje del emperador, se eliminaba a ciudadanos ricos para que su fortuna pudiera ser confiscada.

Incendio de Roma.-

Este trágico holocausto, el acontecimiento mejor conocido del reinado de Nerón, ocurrió en el año 64 d. C. De los catorce sectores que constituían la ciudad, sólo se salvaron cuatro, tres se quemaron completamente, y los otros 85 siete sufrieron daños más o menos graves. Fueron destruidos algunos de los edificios  más famosos de la ciudad, tanto públicos como palacios. Hasta el palacio de Nerón sufrió con el fuego. Miles de las casas de los plebeyos y de las hacinadas viviendas de los distritos más pobres fueron destruidas. Se perdieron obras de arte de valor incalculable, e indudablemente se quemaron documentos de gran valor legal e histórico.

Podría ser cierto que Nerón hizo incendiar a Roma para que le sirviera como telón de fondo para recitar con lenguaje de tragedia el poema épico El saqueo de Troya. No hay motivo especial para rechazar esta idea, aunque circularon otras versiones. Se dijo que sólo había impedido  que se hicieran esfuerzos eficaces para detener el incendio; según otra versión, Nerón incendio la ciudad porque deseaba tener una oportunidad de reedificarla con toda magnificencia y dar su nombre a la ciudad restaurada.

Ya sea que haya incendiado Roma, o que lo haya permitido, Nerón se extralimitó. Esto lo comprendió, y mando hacer ofrendas expiatorias especiales a los dioses. Con todo, los sobrevivientes del incendio murmuraban contra él. Tácito, historiador romano, escribiendo unos cien años después del nacimiento de Cristo, dijo: "Ni la reparación humana, ni la munificencia imperial, ni todas las formas de aplacar el cielo, pudieron sofocar el escándalo o desvanecer la creencia de que el incendio había sido intencional" (Anales xv. 44).

Persecución de los cristianos.-

¿Qué podría ser Nerón? Debía buscar a alguien a quien culpar del desastre. Encontró la víctima propiciatoria en la secta ilegal de los cristianos, quienes en ese tiempo  sin duda habían llegado a ser numerosos en la ciudad. Dice Tácito: "Por lo tanto Nerón, para acallar el rumor, presentó como criminales y castigó con el máximo refinamiento de crueldad, a una clase de hombres detestados por sus vicios, a quienes la turba llamaba cristianos. Crhistus, el que dio origen al nombre, había padecido la pena de muerte durante el reinado de Tiberio, por sentencia del procurador Poncio Pilato; y la perniciosa supertición fue reprimida por un momento, sólo para irrumpir una vez más no sólo en Judea, donde se originó la enfermedad, sino en la capital misma, donde proliferan y se ponen de moda todas las cosas horribles y vergonzosas del mundo" (Ibíd.). Esto basta para conocer la opinión de Tácito. Después prosigue describiendo la forma en que Nerón persiguió a los cristianos:

"Primero eran arrestados los miembros reconocidos de la secta; después, por confesión propia, eran condenados en gran número, no tanto a causa de un incendio premeditado como por odiar a la raza humana. Y el escarnio acompañaba a su fin. Eran cubiertos con pieles de fieras y muertos  a dentalladas por perros, o eran atados a cruces, y cuando terminaba la luz del día eran quemados para que sirvieran como antorchas por las noches. Nerón había cedido sus jardines para el espectáculo, y presentó una exhibición en su circo mezclándose con la turba disfrazado de auriga, o montado en su carro. Por lo tanto, a pesar de una culpa que había merecido el castigo más ejemplar, se despertó un sentimiento de compasión debido a la impresión de que estaban siendo sacrificados no para el bienestar del Estado, sino debido a la ferocidad de un solo hombre" (Ibíd.).

Pedro y Pablo.-

Esta persecución de Nerón, que comenzó en el año 64 d. C., no fue la expresión de una política gubernamental acerca de los cristianos, sino que surgió del antojo y capricho de Nerón, como una manera de eludir su culpa. La persecución fue severa, pero ahora es imposible determinar hasta donde llegó su persecución. Suetonio, contemporáneo de Tácito, dice que "se infligió castigo a los cristianos, una clase de hombres entregados a una nueva y maligna superstición" 86 (Nerón vi. 16).  No cabe duda de que centenares de cristianos sufrieron el martirio en la ciudad de Roma, y que también pudo haber habido estallidos de persecución contra ellos en las provincias.  Ninguno de los escritores paganos se refiere a Pedro o a Pablo por nombre, pero los primeros autores cristianos unánimemente se refieren al martirio de esos apóstoles en el tiempo de Nerón, y en Roma. Entre ellos están Tertuliano (m. c. 230 d. C.; Contra Marción iv. 5) y Eusebio (c. 325 d. C; Historia eclesiástica ii. 25).


La antigua mazmorra Mamertina que se halla situada en las proximidades del Foro Romano, y no lejos del antiguo recinto del senado, aún es mostrada a los turistas como el lugar donde se supone que Pablo estuvo encarcelado. La fecha de su muerte puede ubicarse entre los años 66 y 68 d. C., el año en que murió Nerón. De acuerdo con una antigua tradición, Pedro fue martirizado después de Pablo, siendo crucificado con la cabeza hacia abajo (Eusebio, Historia eclesiástica iii. l; cf.  HAp 428-429).

Muerte de Nerón.-

Mientras continuaba esporádicamente la persecución de los cristianos en Roma, Nerón se ocupaba de reedificar la ciudad. Se diseñaron nuevamente las calles y se levantaron edificios que mostraban belleza y criterio artístico. Grandes sumas de dinero se gastaron en la reconstrucción, dinero que tuvo que provenir de la gente rica de las provincias y de gravosos impuestos.

Pero eso no apaciguaba al pueblo. Ya no se trataba sólo de murmuraciones entre la plebe. La nobleza, los líderes de la vida social y económica de Roma, estaban determinados a que hubiera un cambio en el gobierno. Se descubrió uno de los complots más organizados, y los conspiradores fueron juzgados, condenados y muertos. Entre ellos estaba el antiguo amigo y mentor de Nerón, Séneca, que en vano había procurado retirarse de la vida pública, apartándose de la ciudad de Roma y de sus peligros. Nerón pudo entonces incluirlo en la lista de los conspiradores y hacerlo morir como un criminal.

En los últimos años de su vida Nerón se había vuelto más libertino, más indigno de confianza, más disipado, más cruel. Parecía no tener límites su infundado egotismo. Sus precoces alardes de poeta y artista continuaron hasta el fin. Antes del incendio de Roma había decidido hacer un viaje al Medio Oriente; pero esos planes fueron interrumpidos por su deseo de hacer que Roma fuera reedificada. Por fin emprendió viaje en el año 66, y estuvo ausente cerca de dos años. Su gira fue una exhibición pública de vanidad depravada y corrupta. A su regreso efectuó una entrada triunfal en Roma, pero eso no distrajo al público de su descontento, lo que se notó especialmente entre los nobles.

Nerón recibió entonces noticias de graves defecciones entre los generales de las provincias. Se mencionaba especialmente a Galba, destacado en España, pues Víndex, prefecto de una de las provincias de las Galias, le había hecho proposiciones formales para que fuera emperador. Galba vaciló en participar de la conspiración, pero Víndex siguió adelante con el complot. Nerón consiguió que Víndex fuera declarado enemigo público, pero para entonces Galba estaba resuelto a seguir adelante con la conspiración.

El pueblo clamaba contra Nerón, los senadores se mantenían apartados de él, y los pretorianos le negaban su protección. El emperador huyó de Roma, por lo que el senado lo proclamó enemigo público y decretó su muerte. Escondido en una casucha a la vera del camino, Nerón se puso un arma contra el pecho, y un esclavo lo traspasó con ella. Murió en el momento en que llegaban los soldados para apresarlo. El tirano murió vergonzosamente a la edad de 30 años, después de un afrentoso reinado de catorce años.  Eso sucedió en el año 68 d. C.

Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

P5 LA HISTORIA ROMANA EN LOS DIAS DEL NUEVO TESTAMENTO

V. Claudio (41-54 d. C.)

Cuando los soldados pretorianos oyeron de la súbita muerte de Calígula, empezaron a recorrer el palacio en busca de botín.  Uno de ellos encontró a Claudio, tío de Calígula, de unos cincuenta años de edad, agachado detrás de una cortina del palacio.  Lo sacó arrastrando delante de los otros soldados, y gritó con una risotada: "Aquí está nuestro emperador".  Esta versión se divulgó.  La idea tomó fuerza, y poco después toda la guardia pretoriana apoyaba a Claudio como emperador de Roma.  Siendo ya un hecho consumado, el senado romano no podía menos que reconocerlo.  Poco tiempo después el derecho de nombrar los emperadores pasó de las manos de los pretorianos a las de los soldados romanos que estaban en servicio.  
En el caso de Claudio el pueblo ya estaba, en realidad, fuera del edificio del senado pidiendo que el senado nombrara a uno solo para que dirigiera el imperio, y cuando la soldadesca presentó ante los senadores el nombre de Claudio, ellos se apresuraron a aceptarlo como emperador.
 
La personalidad de Claudio era extraña.  Tuvo una niñez desventurada; fue ridiculizado por sus compañeros y despreciado por sus familiares.  Como no tenía relaciones normales y agradables con sus iguales, se vio forzado a confraternizar con lacayos, y vivió aislado la mayor parte de su vida.  Había dedicado su tiempo a estudiar, especialmente historia.  Escribía muchísimo; se interesaba en el arte dramático, y era un anticuario empeñoso, aunque mediocre. Conocía mucho de lo que había acontecido en Roma en lo pasado, pero evidentemente no estaba a tono con la Roma de sus propios días.
 
Administración civil.- 
Claudio procuró ser un gobernante considerado.  Concedió amnistía a los presos políticos y a los exiliados, y se prohibieron las confiscaciones.  Los templos fueron restaurados, y se pusieron de nuevo las estatuas que habían sido retiradas, especialmente las que habían sido quitadas para colocar las de Calígula.  Ordenó que algunas tropas cruzaran las fronteras para ocupar lugares donde se necesitaba fuerza militar, y se hizo notable por las colonias romanas que estableció en varias provincias por todo el imperio.
 
Uno de los logros importantes de Claudio fue la reorganización del senado.  Tuvo la valentía de eliminar a algunos de sus componentes que no podían soportar la carga económica que implicaba la senaduría.  Después ocupó las vacantes con caballeros que eran suficientemente ricos para hacer frente a las normas senatoriales.  Muchos de esos caballeros eran de las provincias.  Esto hizo que el senado fuera un cuerpo representativo más genuino, y ayudó a que el imperio no fuera el apéndice de un gran municipio sino una vasta entidad política centralizada en una capital, con ciudades confederadas y provincias que ayudaban en el gobierno imperial.

Un censo hecho en el año 47 d. C. mostró que había casi 7,000,000 de ciudadanos en el imperio.  Esto representaba un gran aumento sobre el censo del año 14 d. C., que dio unos 5,000,000 de ciudadanos.  Reveló cómo los tiempos de comparativa paz y prosperidad a partir de Augusto habían ayudado al crecimiento de la población.  También indicaba una amplia expansión de la ciudadanía por todo el imperio. A esa cifra de 7,000,000 debían añadirse las esposas y los hijos de los ciudadanos, lo que elevaba el total de los ciudadanos romanos y los que dependían de ellos a unos 20,000,000, de acuerdo con la estimación de Gibbon.  A esta cifra debía añadirse la gran cantidad de provincianos que no tenían ciudadanía romana y las multitudes de esclavos que poblaban el mundo romano.  El historiador Gibbon estima que a mediados del siglo I d. C. la población total era de 120,000,000, cifra, sin duda, demasiado alta; quizá fluctuaba entre los 80,000,000 y los 100,000,000 de personas (ver Edward Gibbon, The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, ed. de J. B. Bury, t. 1, p. 42).

La afición de Claudio por las cosas antiguas hacía de él un verdadero romano de corazón y de espíritu.  En su corte se notaba una atmósfera menos extranjera.  Era considerado en su proceder con los extranjeros, es decir, los no romanos, pero los vigilaba para asegurarse de la plena lealtad de ellos.  Los judíos eran tolerados, y evidentemente fueron tratados con más bondad que en tiempos de Tiberio; sin embargo, estallaron revueltas entre ellos, y como resultado Claudio dio un edicto expulsando a los judíos de Roma (ver t. V, p. 72).  Entre los expulsados estaban Aquila y Priscila, judíos con quienes Pablo se relacionó mientras predicaba en Corinto, en su segundo viaje misionero (Hech. 18: 2).
 
Era asombrosa la laboriosidad de Claudio en su esfuerzo por ser un emperador eficiente.  Estaba en su despacho desde temprano en la mañana hasta tarde por la noche.  Pasaba horas en el Foro, trabajando como juez de su pueblo.  La gente acudía a él, le refería sus problemas y le pedía su ayuda y solución.  

Cuando se disponía a marcharse, con frecuencia la gente insistía en que se quedara hasta que todos los casos hubieran sido oídos.  Se ocupó activamente en su programa de edificación, mayormente para completar las obras comenzadas por Calígula.  El nuevo puerto de Ostia en la desembocadura del Tíber, tan útil para Roma porque el río se estaba llenando de cieno, Claudio lo concluyó con éxito.  Terminó el enorme acueducto que Calígula había comenzado, y completó un gran túnel para llevar agua a Roma.  Bretaña fue subyugada por completo, y Caractaco, uno de sus caudillos, fue llevado a Roma en triunfo.  La religión de los druidas fue suprimida en las Galias y en gran medida ocurrió lo mismo en Britannia.
 
Claudio gastó tiempo y dinero en diversiones para el pueblo romano, pero era claro para los que lo conocían, y quizá también lo advertía la multitud, que lo hacía sólo por cumplir un deber, como si el anticuario hubiera continuado con la antigua rutina romana sin participar genuinamente en la vida del pueblo.  Pero el tesoro público quedó exhausto.  Hubo carencia de cereales, y el pueblo culpó al emperador.  Mientras más se afanaba por resolver los problemas del pueblo, más responsable se hacía de las dificultades de la gente.  Esto le impidió llegar a ser un gobernante popular.
 
Vida personal.-

Por otra parte, caía en la complacencia propia, y a medida que envejecía se entregaba más a la intemperancia en la comida y la bebida.  Como ya se ha dicho, trabajaba infatigablemente, y luego comía en exceso en un intenso esfuerzo por restaurar su decadente fuerza física.  Su salud se deterioró gradualmente, y las intrigas y los males de la vida del palacio aceleraron el proceso.

Claudio se casó cuatro veces.  Su tercer matrimonio, con Mesalina, fue especialmente repugnante.  La inmoralidad de la conducta de ella fue descarada y, de acuerdo con un relato de ese tiempo, hasta participó en una ceremonia nupcial con uno de sus amantes.  Mesalina fue muerta debido a sus infidelidades.  Claudio se casó después con su sobrina Agripina, quien logró que Nerón, hijo de ella, fuera el sucesor del trono cuando muriera su padrastro.  Esto equivalía a dejar a un lado al hijo de Claudio, joven que fue muerto después.  Agripina pronto se cansó de esperar la muerte de su esposo, lo que abriría el camino para que su hijo Nerón ocupara el trono, y finalmente tramó un complot para que su esposo fuera envenenado.  

Clandio bebió el primer brebaje de veneno, pero ya fuera porque había comido demasiado o había tomado mucho vino, el veneno no tuvo efecto.  Un médico llamado por Agripina introdujo una pluma envenenada en la garganta del emperador, evidentemente con el pretexto de proporcionarle algún alivio gastronómico.  Claudio se sumió gradualmente en la inconsciencia y murió por los efectos del veneno así aplicado.  Nerón fue su sucesor.  Esto ocurrió en el año 54 d. C.
 
Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

viernes, 1 de octubre de 2010

P1¿QUE OCURRE CON LAS PREDICACIONES EN LAS IGLESIAS EVANGELICAS?


Aparezca Cristo

EL OBJETO de todo ministerio es mantener oculto el yo y hacer que aparezca Cristo. La exaltación de Cristo es la gran verdad que han de revelar todos los que trabajan en palabra y doctrina.

Los que trabajan en la causa de la verdad debieran presentar la justicia de Cristo, no como una luz nueva, sino como una luz preciosa que por un tiempo ha sido perdida de vista por la gente. Hemos de aceptar a Cristo como a nuestro Salvador personal, y él nos imputa la justicia de Dios en Cristo.

Repitamos y destaquemos la verdad que ha descrito Juan: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4: 10) .

En el amor de Dios se ha manifestado la más maravillosa hallazgo de verdad preciosa, y se exponen delante de la iglesia y del mundo los tesoros de la gracia de Cristo. .. Qué amor es éste, qué maravilloso, insondable amor que indujo a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Cuánto pierde el alma que entiende las vigorosas demandas de la ley y que, sin embargo, no llega a comprender la sobreabundante gracia de Cristo.

Es cierto que la ley de Dios revela el amor de Dios cuando es predicado como la verdad en Jesús, pues el don de Cristo para este mundo culpable debe tratarse extensamente en cada discurso. No es de admirar que los corazones no hayan sido conmovidos por la verdad, cuando ésta se ha presentado de una manera fría y sin vida. No es de admirar que haya vacilado la fe en las promesas de Dios cuando los ministros y obreros han dejado de presentar a Jesús en relación con la ley de Dios. Con cuánta frecuencia debieran haber asegurado a los presentes que "el que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?" (Rom. 8:32).

Satanás está determinado a que los hombres no vean el amor de Dios que lo indujo a dar a su Unigénito para salvar a la raza perdida, pues es la bondad de Dios la que guía a los hombres al arrepentimiento. ¿Cómo tendremos éxito en presentar delante del mundo el profundo y precioso amor de Dios? En ninguna otra forma podremos abarcarlo, a menos que exclamemos: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios" (1 Juan 3: 1).

Digamos a los pecadores: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29). Presentando a Jesús como el representante del Padre, podremos despejar la sombra que Satanás ha proyectado sobre nuestro sendero a fin de que no veamos la misericordia y el inexpresable amor de Dios como se manifiestan en Jesucristo. Mirad a la luz del Calvario. Es una promesa permanente del ilimitado amor, de la infinita misericordia del Padre celestial.

El Espíritu Santo

Cristo, el gran Maestro, tuvo una infinita variedad de temas para elegir, pero del que más se ocupó fue de la dádiva del Espíritu Santo. Cuán grandes cosas predijo para  la iglesia debido a ese don.

Sin embargo ¿cuál es el tema que menos se trata ahora? ¿Qué promesa es la que menos se cumple ? Ocasionalmente se da un discurso sobre el Espíritu Santo, y luego se deja el tema para una consideración posterior.!! ASI MUCHOS OTROS TEMAS IMPORTANTES DE LA BIBLIA, EL PECADO, EL INFIERNO ETC
Enseñemos los pasos de la conversión

Los ministros necesitan usar una forma más clara y sencilla para presentar la verdad como es en Jesús. Su propia mente necesita comprender más plenamente el gran plan de la salvación. Entonces podrán apartar las mentes de sus oyentes de las cosas terrenales a las espirituales y eternas. Hay muchos que desean saber qué deben hacer para ser salvos. Necesitan una sencilla y clara explicación de los pasos requeridos en la conversión, y no debiera presentarse un sermón a menos que se trate una parte de lo que especialmente aclara el camino para que los pecadores puedan ir a Cristo y ser salvos. Como lo hizo Juan, debieran señalar a Cristo y con sencillez conmovedora, con sus corazones encendidos con el amor de Cristo, debieran decir: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo". Debieran extenderse vigorosas y fervientes exhortaciones para que se arrepientan y conviertan los pecadores.

Los que descuidan esta parte de la obra, necesitan convertirse ellos mismos antes de aventurarse a dar un discurso. Aquellos cuyo corazón está lleno del amor de Jesús, con las preciosas verdades de su Palabra, podrán sacar de la tesorería de Dios cosas nuevas y viejas. No encontrarán tiempo para relatar anécdotas; no se esforzarán por llegar a ser oradores que se remonten tan alto que no puedan llevar a la gente consigo, sino que en lenguaje sencillo, con fervor conmovedor, presentarán la verdad tal como es en Jesús.

C O N T I N U A R A
Por John J. Alvarado D. COMUNIDAD BIBLICA DE LA GRACIA DE JESUCRISTO